lunes, 26 de enero de 2015

diálogo socrático - "SÍNDROME DEL ETERNO VIAJERO"

El taller que tuvimos la semana pasada en clase tratamos el tema del "Sindorme del Eterno Viajero", diferencias culturales, shock cultural... Tema muy bien expuesto por uno de nuestros compañeros en este blog.

Nos centramos hablando de un supuesto caso (digo supùesto porque parte del caso es real y parte no) en el que una persona emigró de su país de origen a nuestro país hace 50 años y todavía no ha logrado integrarse en nuestra cultura. Este peciente viene a nuestra consulta para que le ayudemos a poder mejorar su situación integrándose en nuestra cultura (idioma, actividades, relaciones sociales...)

Acabamos la sesión planteando una cuestión como conclusión final:

¿ES RESPONSABILIDAD DEL PSCIÓLOGO BUSCAR UNA SOLUCIÓN? 

En nuestra sesión, se habló de que una manera de ayudar al pacietne sería a través de la terapia congnitiva. Pues bien, yo quiero dedicar esta entrada a hablar  tanto a la descripción que hace Beck (1979) como Ellis (1989) de los elementos básicos de la relación terapéutica. 

En la C.T (Beck, 1979) se consideran como necesarias, pero no suficientes, que el terapeuta posea tres competencias relacionales (Rogers, 1951): Aceptación, Empatía y Autenticidad.
  • Aceptación: interés mostrado por el terapeuta hacia el paciente y su problemática. Interés que no debe de ser demasiado efusivo ni proteccionista. Hay que señalar que las muestras de este interés terapéutico son interpretadas por el paciente, y que el grado de aceptación percibida pesa más que la conducta del terapeuta al respecto. Para detectar esas percepciones es útil utilizar preguntas de feedback dirigidas al paciente, y utilizar sus respuestas para modular las expresiones de aceptación (p.e "¿Qué piensas y sientes sobre mi forma de relacionarme contigo? ¿Qué piensas que siento sobre ti?"). 
  • Empatía: se refiere a la habilidad del terapeuta de entrar en el mundo del paciente y experimentar cognitiva y afectivamente el mundo como lo hace este.  El terapeuta puede facilitar esta labor si devuelve al paciente expresiones referentes a su modo de percibir los eventos y sus estados emocionales asociados, haciéndolo en forma de hipótesis a contrastar por el feedback del paciente (p.e, "Cuando usted se encuentra en una reunión y nadie le dirige la palabra parece pensar que nadie se interesa realmente por usted y entonces comienza a sentirse muy triste y solitario, le gustaría que alguien tomara la iniciativa, pero nadie parece hacerlo...¿podría ocurrir así?"). Incluso el terapeuta empático puede evitar hacer juicios peyorativos sobre la conducta del paciente y sus problemas relacionales (p.e resistencias) si tiene la habilidad de tener empatía hacia estos problemas. 
  •  Autenticidad: se refiere a la franqueza del terapeuta con el paciente, para que este tenga una imagen realistas de lo que puede (y no puede) esperar sobre el terapeuta o la terapia.
La R.E.T (Ellis, 1989) comparte, en general, los principios antes expuestos con respecto a la C.T Además puntualiza otra serie de factores.
  •  Señala la conveniencia de no mostrar una excesiva cordialidad hacia el paciente; ya que aunque esto podría hacerle mejorar a corto plazo, reforzaría sus creencias irracionales de aprobación, dependencia y baja tolerancia a la frustración. 
  • Otro factor es que los terapeutas es deseable que tengan una inclinación personal de tipo filosófica y cognitiva para aplicar esta terapia de manera más congruente. 
  • Se apunta también a que el terapeuta sea capaz de manejar, si aparecen (cosa frecuente) sus creencias irracionales de aprobación, éxito y autovaloraciones respecto a las manifestaciones del paciente y la evolución de este.
  • El humor es otra característica deseable; ya que puede suponer un recurso anti-dogmático importante ante la excesiva "seriedad" dada a veces a la visión de los problemas y la terapia. Y como última habilidad se apunta la flexibilidad con la propia terapia, adecuándola al caso concreto; y no siempre "teniendo que" desarrollarla de forma directiva y con el mismo "manual".
La psicoterapia cognitiva considera que hay 3 factores básicos que ayudan a mantener la relación terapéutica iniciada (Beck, 1979):
A) La confianza básica: Se trata de la percepción del paciente que ve la relación con el terapeuta como segura y no amenazante y que le permite expresar sus dificultades con la esperanza de encontrar solución a sus dificultades. El terapeuta sopesa su intervención (p.e elicitando feedback del paciente) y ajusta su rol (directividad, formalidad, límites, etc.) a las respuestas del paciente. En general, en la primera fase del tratamiento, suele emplear más la empatía, aceptación y autenticidad, para así fomentar la confianza básica.
B) El rapport: Se refiere en general, a un acuerdo de metas, objetivos y procedimientos terapéuticos entre el paciente y el terapeuta. Es útil que el terapeuta clarifique las expectativas terapéuticas que el paciente trae a terapia; que las contraste con el paciente si le pongo si le parece poco razonable o inadecuadas
C) La colaboración terapéutica: El terapeuta y el paciente forman un equipo de trabajo que tiene como fin detectar los pensamientos negativos, los supuestos personales y trabajar su modificación (empirismo colaborativo).


Podríamos seguir hablando mucho más sobre este tipo de terapia, pero con lo visto creo que podemos responder a la pregunta de nuestra conclusión.

Pienso que no es responsabilidad del psicólogo buscar una solución. El psicólogo es un profesional al ue acudimos para que nos ayude, no para que nos solucione los problemas. El psicólogo debe ayudarnos a buscar el camino, a usar estrategias, a cambiar pensamientos, consuctas... para llegar a solucionar el problema, pero depende principalmente del paciente que el problema termine o no. Ambos deben buscar el mejor camino para solucionarlo, pero la mayor parte del trabajo reside en el paciente, en su motivación y su esfuerzo por cambiar esa situación presente.

Por ejemplo: la psicóloga puede apuntarle a aprender el idioma en algún curso o academia para que de alguna manera empiece a integrarse, pero si la paciente no va a las clases... no es responsabiloidad del profesional. Si no funciona ese método, se deberá buscar otro.

Me gustó mucho el debate en clase, me hubiese gustado hacerlo con más temas.

domingo, 25 de enero de 2015

CASO: INTENTO DE SUICCIDIO Y ADICCIÓN (APLICACIÓN LOGOTERAPIA) - PARTE II


APLICACIÓN (PARTE II)

Entrevista ficticia en una segunda sesión tras una primera entrevista en que se abordan aspectos más generales 


- ¿Cómo se siente? ¿Qué sensaciones o pensamientos experimenta al despertarse cada mañana? ¿Y al acabar el día?

- Me siento abatido, sin ganas de vivir. Cuando me despierto por la mañana me pregunto por qué sigo viviendo, por qué un día más y al acabar el día  siento cierto alivio al pensar que ya se ha acabado...

- ¿Cómo ve su vida? ¿Qué circunstancias le hacen sentirse atrapado? ¿Qué hace que no pueda salir de ese estado? 

- Veo mi vida como un fracaso. El consumir diariamente, el estar metido en las drogas es lo que me hace sentir atrapado, el levantarme y necesitar consumir para no estar mal.

- ¿Qué motivaciones tiene?

- No tengo muchas motivaciones… Mi mayor motivación sería dejar las drogas pero ahora me resulta imposible… También me gustaría formalizar mi relación, pero en la situación que estamos ahora (ella también es consumidora habitual, con todo lo que ello conlleva) es imposible.

- ¿Cómo le gustaría verse en 10 años?

- Fuera de toda esta basura, con una pareja y un trabajo y llevando una vida normal.


Después de esta primera batería de preguntas en que se hace un tanteo general de cómo se encuentra SVJ en ese momento, y tras darnos cuenta de lo urgente de la situación, pasaríamos a plantearle un punto de vista diferente al que él tiene de su propia situación con el objetivo de que SVJ se replantee su postura al respecto. Para ello abordaremos primero el tema de la libertad tal como lo plantea la logoterapia para, una vez asumida la condición de ser libre, preguntar y ayudar a descubrir objetivos concretos en la vida del paciente que le permitan desarrollar unos valores y un sentido a su vida.


- SVJ, es importante que tenga en cuenta que usted es dueño de sus actos, es decir, que independientemente de lo favorable o no de las circunstancias y de los factores externos que no puede cambiar, usted puede decidir cómo reaccionar ante ellos. Con esto quiero decir que de la misma forma en que ha elegido consumir drogas puede elegir dejar de consumirlas. Debe ser consciente de que aunque no podamos controlar los factores externos, podemos (y de hecho lo hacemos constantemente) elegir cómo comportarnos en todo momento. Y esto, aunque en un principio pueda dar miedo, es algo que juega en su favor porque en el momento en que decida cambiar lo que no le gusta de su vida tiene el poder de hacerlo. En su caso en concreto, este planteamiento es como un tesoro pues dejar las drogas, en lugar de ser un intento condenado al fracaso es una oportunidad de crecimiento que puede llevar a cabo cuando decida hacerlo.

- ¿Cómo? No tengo dónde agarrarme para hacerlo…

- Es primordial que redescubra  los valores importantes en su vida. Para ello debe pensar en áreas generales (como amor, trabajo, familia…) y aclarar cuáles son las más importantes para usted. Una vez tenga claro esto, debe definir unos objetivos concretos dentro de esas áreas (por ejemplo: amor- encontrar pareja) y cómo integrarlo en su vida actual. De esta forma se dará cuenta de que su vida además de tener un sentido (donde, por supuesto, también está implicado el sufrimiento) es sumamente valiosa.  Debe trascender la creencia de que no puede tomar las riendas de su vida y los factores que lo determinan y buscar un sentido a su sufrimiento como parte de un aprendizaje y oportunidad de crecimiento en su vida. Porque usted, como individuo libre, ¡PUEDE HACERLO!

CLAVES PARA HABLAR CON NUESTROS HIJOS ADOLSCENTES

Este enlace Psico-Pedagogía.com podéis leer más sobre el tema, yo dejo un resumen sobre lo que se habla.....

En la relación entre padres e hijos, la clave está en el diálogo. Hablar de un problema es tenerlo ya medio solucionado. Pretender educar sin propiciar el diálogo es como intentar construir una casa sin una segura cimentación. Pero, ¡cuánto cuesta hablar con los hijos adolescentes! ¡Cuántas conversaciones acaban en monólogos! ¡Cuántas parecen “diálogos de sordos”! ¡Cuántas finalizan en una nueva pelea! “Mi hijo no me escucha”, “no se puede hablar con ella”, “siempre acabamos a gritos”, “parece que hablemos idiomas diferentes”… suelen ser las quejas justificadas de muchos padres. La verdad es que no resulta fácil hablar con ellos, sin embargo, hay que intentarlo. Quizá se podría empezar teniendo en cuenta que el diálogo con adolescentes tiene unos requisitos propios:

En primer lugar, se trata de crear el ambiente propicio y buscar el momento adecuado: no cuando los padres quieren, sino cuando ellos lo necesitan. No es fácil estipular un momento al día para hablar, porque quizá “tenga que contar algo” en el momento menos oportuno. En ese caso hay que dejarlo todo y atenderle, porque, aunque en ese preciso instante haya cosas muy urgentes, seguro que no hay nada más importante. Si se deja pasar la ocasión, porque “ahora no, que estoy ocupada” o “después me lo cuentas, que tengo trabajo”, habrá desaparecido para siempre. Por eso, es decisivo que sepan que cuentan siempre con sus padres, que estamos ahí, y que lo estemos realmente.

El requisito de toda comunicación es la confianza. Si la primera vez que un hijo nos hace una confidencia “un poco fuerte”, nos echamos las manos a la cabeza, armamos un escándalo o lo castigamos severamente, probablemente sea la última vez que se sincera con nosotros. La confianza es una virtud recíproca, quien la otorga la recibe a su vez. No es una virtud que se adquiere, sino que se da: la condición de todo diálogo. Si no confiamos en nuestros hijos, si no les damos confianza, aunque nos resulte difícil e, incluso, nos parezca arriesgado, nos quedaremos sin saber lo que les pasa.

El tercer requisito para que funcione el diálogo con hijos adolescentes es aceptar sus formas. No podemos esperar que todo funcione como una balsa de aceite. La serenidad la tenemos que poner los adultos; los hijos tendrán probablemente salidas de tono, levantarán la voz o discutirán apasionadamente. Pretender una conversación afable con un hijo o una hija adolescente es no entender su registro.

Mediante el diálogo se razona. No se trata de entablar batallas dialécticas, en las que pierde el que menos grita y no gana nadie, sino de razonar y hacer razonar. Pero eso no se consigue a base de poner sobre la mesa buenas razones desde nuestro punto de vista, sino de presentarles razones que tengan peso para ellos. Puede que para un adolescente “estudiar para llegar a ser algo en la vida” no tenga tanto peso como “estudiar para poder trabajar en lo que le gusta”.
En quinto lugar, padres e hijos debemos intentar llegar a establecer pactos. El “regateo” puede ser una forma de conversación que da mucho juego. Aquí hay que saber ceder en lo superficial, para “ganar” en lo esencial. Quizá merezca la pena “cambiar” un corte de pelo o un tatuaje por un domingo con la familia. La cuestión es que cuando se pacta, se produce un compromiso y el compromiso une.

Por último, hay que aprovechar el diálogo para dar criterios a los hijos. No se trata de hacer de cada conversación un sermón o una reprimenda, que generalmente no sirve para nada, porque el hijo ya está sobre aviso. Los típicos sermones o broncas se parecen a esa tormenta que, como se ve venir, nos da tiempo a refugiarnos o a coger el paraguas: te puedes mojar la primera vez, pero no las sucesivas. Siguiendo con el símil, las conversaciones con los hijos adolescentes no deberían ser tormentosas, sino como un fino “calabobos” que no logra alarmarnos lo suficiente como para buscar un refugio o sacar el paraguas, pero que acaba mojándonos. Ese “chirimiri” continuo permite que los padres podamos ir sembrando valores y criterios en nuestros hijos.

En todo momento debemos procurar transmitir optimismo, quizá es lo que más necesitan en la etapa vital que están viviendo. Si somos unos padres gruñones que sólo sabemos quejarnos por todo, que siempre estamos “rallando” con lo mismo, que somos incapaces de ver lo positivo de sus cosas, seguramente estaremos levantando sin querer un muro que intercepta toda comunicación. Algunas expresiones, que usamos demasiado a menudo, como: “Estoy harta de ti”, “Eres incapaz de hacerlo”, “Aprende de tu hermano”, “Me matas a disgustos”… no propician el diálogo, sino todo lo contrario. Mejor adoptar una actitud optimista y decir cosas como: “Estoy seguro de que eres capaz de hacerlo”, “Estoy muy orgulloso de ti”, “Noto que cada día eres mejor”, “Tú lo lograrás”…, seguro que hablamos más con nuestros hijos,porque encuentran en notros “unos padres con los que se puede hablar”.


Pilar Guembe y Carlos Goñi

Autores del libro No se lo digas a mis padres (Ariel).

Cómo hablar con el hijo adolescente

Hay que hablar claro con el hijo adolescente. La mayoría de los adolescentes responden mejor a las instrucciones específicas que se repiten regularmente.

Como señala la maestra de secundaria Sharon Sikora, "No diga solamente, 'Quiero que limpies tu cuarto' porque a veces no saben bien qué significa este pedido. Diga mejor, sin buscar argumentos, 'Así es como yo defino un cuarto limpio.' Ellos pueden responder, 'No me gusta la lámpara en aquel rincón, la quiero aquí.' Hay que darles suficiente libertad para que se expresen".

Razona las opciones con tu hijo adolescente

Hablar con adolescentesCuando existen varias opciones los adolescentes están más dispuestos a aceptar consejos. Por ejemplo, usted le puede recordar a su hijo que tiene que acabar su tarea de álgebra antes de irse a la cama, pero le puede dar a escoger si prefiere hacer la tarea antes o después de la cena. O le puede decir a su jovencita de 14 años que no puede andar con sus amigas en la sala de juegos electrónicos un sábado de noche, pero que puede invitar a un grupo de amigas a su casa a ver películas.
Si usted utiliza el buen humor y la creatividad al ofrecer varias opciones, será más fácil que su hijo las acepte. Una maestra no podía conseguir que su hija colgara su ropa limpia o depositara la ropa sucia en su cesto. Así que le dio dos opciones-o toda la ropa se tenía que levantar o toda la ropa se quedaría en el piso. "Por un rato estuve lavando la ropa y dejándola en montones en el piso," recuerda la maestra. "Me volvió loca pero al fin funcionó." Después de dos semanas su hija se cansó de buscar su ropa en el piso y comenzó a recoger su ropa.

GUÍA JUVENIL ( Comunicación padres e hijos)



Aquí os dejo este enlace que me ha proporcionado un compañero por si queréis más información.Adjunto un caso real de una madre que no sabe que hacer con su hija, ¿ como podríamos ayudarle?

http://guiajuvenil.com/hijos/como-hablar-con-el-hijo-adolescente.html


Hola

Espero ustedes puedan darme un consejo ya que no se ni como hablar con mi hija, pues apenas tiene 12 años y quiere tener novio, ella busca los chicos y en 2 ocasiones ya he tenido problemas con ella por eso, yo la he amenazado con que la voy a enviar a un internado o que se va a vivir con su padre y ella se pone histérica, la verdad no se como actuar si hablarle con amor o darle sus nalgadas, ella es muy dura conmigo cuando le estoy regañando o haciendo algún reclamo por que sale a la calle a buscar al muchachito , me grita y me dice que es mentira.....yo trabajo todo el día y los vecinos me dice que la han visto buscando a un chico de la papelería y es como 8 años mayor que ella....ayúdenme no se que hacer ni como hablarle.  

sábado, 24 de enero de 2015

El Arte de escuchar...se a uno mismo.

^^ Estoy contenta porque esta es mi última entrada aquí y por fin puedo hablar de una aplicación práctica, de una herramienta, aunque no estoy nada de acuerdo con lo de los métodos, si me he fijado en lo que hago yo y en qué me baso. Así pues mi intención es que os sirva de inspiración.

La teoría en la que me baso es en la siguiente: el yo es construido por sí mismo, el yo cambia constantemente y puede cambiarse a sí mismo conscientemente. La realidad de nuestro yo se conforma mediante el lenguaje. Por ejemplo sabemos que cada vez que recordamos lo que hacemos es reconstruir, cada vez que recordamos quienes somos nos reconstruimos y nos autodefinimos mediante palabras. Nos autodeterminamos con nuestras palabras, nos autocondicionamos con ellas.

Uno de los condicionamientos es ese que precisamente acabo de señalar: creemos que no podemos cambiar, que somos así y no ha manera de que las cosas que nos duelen nos dejen de doler. Cada vez que nos decimos a nosotros mismos "no puedo" nos impedimos el poder hacerlo. No estoy hablando de ser capaces de saltar una valla de tres metros, sino de, por ejemplo, resolver un conflicto interior.

De todo esto se sigue que cuando uno dice "no puedo" lo que realmente quiere decir es "no quiero". Y de una manera u otra acabamos cayendo en la mentira del tiempo diciéndonos: "cuando pasen dos meses, entonces estaré bien", o "si cambian las cosas exteriores y se fijan a mis criterios (que son rígidos, todo lo contrario de la realidad que está en constante cambio) entonces si estaré bien" o "dependo de los demás para estar bien, cuando ellos cambien yo estaré bien". Nos ponemos un requisito exterior a nosotros mismos pero sobre todo un margen tiempo.

Cambiarse a uno mismo es un acto instantáneo. Pensar que no lo es es condicionarse a que no lo sea.
Si pienso que es muy difícil para mí, será muy difícil para mí. Por tanto no quiero que sea fácil para mi, necesito un tiempo. Y entonces como si desenrrollaramos una alfombra roja la recorremos lentamente con dolor hasta que un buen día decidimos que ya es suficiente.

Es decir, creemos que cambiar nuestro yo es un acto lento y difícil, y que requiere tiempo.

Pero el tiempo no existe en nuestra realidad mental. El yo es una energía materializada a la que podemos darle la forma y color que queramos y cuando queramos. Es decir, no es que cambie, sino que muta.

Entonces cada vez que nos atragantemos en un problema: " he cortado con esta persona pero siento que la amo y por tanto, he de querer volver con ella" la proposición sería "la amo, me ama, luego ha de ser mi novia, pero ella no quiere" "Si ella no quiere entonces no debería seguir amándola" "no puedo evitar que me duela"

Veamos la primera proposición: "amar se sigue de establecer un contrato de pareja" ¿de dónde ha salido eso? "Es lo que se supone" es lo que se ha aprendido, cambiémoslo "amar no va seguido de establecer un contrato de pareja" y por tanto "el que ella no quiera establecer un contrato de pareja no impide que podamos amarnos",  "sí puedo evitar que me duela, la amo incondicionalmente" "amor es libertad".

    Este ejemplo no se queda aquí porque dentro del aprendizaje de que amar va seguido de un contrato de pareja puede estar el condicionamiento de que "no puedo amarme a mi mismo sino es a través de otra persona" "No se ha de estar solo, no puedo estar solo conmigo mismo" "Se supone que tengo que tener una pareja en mi vida, soy un fracasado si no la tengo" "si se acuesta con terceros entonces implica necesariamente que no me ama". Etc, etc, etc...

 Me ha costado elegir un ejemplo y la verdad es que no hay que hacerle caso estricto al que he puesto ya que lo que ocurre dentro de nosotros solo lo puede saber uno mismo y lo que he escrito es bastante artificial, pero es para darlos una idea de cómo funcionaría. Pero sobre todo destacar que el proceso consiste en ir a la raíz del problema que sería llegar hasta la proposición que no estoy poniendo en duda que en este caso sería "la amo, me ama, luego ha de ser mi novia" o el, para mí el más importante, "no puedo" o "esto tiene que ser necesariamente así".

  Es un ejercicio de cada uno, un esfuerzo por ser sinceros y quitarle capas a la cebolla hasta encontrar el pensamiento cuya existencia implica todo lo demás, todo lo que nos genera dolor a corto o a largo plazo, porque un esquema de pensamiento puede funcionar si por ejemplo en relación con otra persona ésta lo comparte, pero tarde o temprano todo lo rígido, muestra su vulnerabilidad y su poca adaptación a un ser siempre cambiante, tanto uno mismo, como el resto del todo.

   Hay imágenes rígidas sobre esto último que pueden hacernos verdadero daño, como las imágenes de nosotros mismos como seres impecablemente buenos o irremediablemente malos. Este tipo de juicios morales que nos aplicamos olvidando por completo que la naturaleza es amoral sobre todo desde esta perspectiva tan "religiosa" terminan por crear una mentira. Por un lado vamos a cometer erorres si o sí "fallándo" a nuestra idílica imagen entonces trataremos de arreglar la disonancia cognitiva o bien mientiéndonos para seguir manteniendo la imagen, o bien mintiéndonos manteniendo la imagen contraria: que somos "irremediablemente malos". Y lo mismo ocurre para la imagen negativa.

  No somos lo que creemos ser, no somos una cosa estática, fija. Somos lo que queremos ser. Podemos ser como queramos. En el cerebro no hay una mini Marta perfectamente conformada, hay energía, cuyos patrones de tránsito por el espacio físico del cerebro son increíblemente cambiables y flexibles. La capacidad de compensación de un déficit neuropsicológico, la capacidad natural de cambiar radicalmente, la capacidad de adaptarnos y ser....una vez más....como el agua.


 Somos creadores.


Un besico ¡y a cuidarse! y sobre todo no olvidar que esta obra de arte que somos cada uno es infinita, no se puede acabar, el arte nunca acaba, siempre se puede perfeccionar más o tirarlo a la basura y crear uno nuevo. El amor nos permite ser creativos. Cualquier conflicto que tengamos hemos de mirarlo con el mismo mimo con el que miraríamos el de otra persona, el de nuestro hijo, con el mismo mimo con el que miraríamos a nuestro yo de pequeños, comprendiéndonos, amándonos, viendo lo arbitrarios que son los pensamientos en tanto que son esos pero podrían ser otros.

  Estar mal porque estamos mal para mí significa que nuestro corazón le dice a nuestra mente ¡Para ya idiota! (dicho así con cariño) "Déjame latir tranquilo que me estresas con tus tonterías" "¡Estoy intentando vibrar con el mundo y amarte y tú venga a presionarme para que no lo haga!" luego nos relajamos, la mente en blanco y el alivio del corazón se escucha en el universo entero.




OBRA
La vida nos da una piedra
tosca, cuando entramos
en su taller difícil.

Hay que tomar cinceles
y cincelar sin tregua
hasta dar al pedrusco
la forma artística, perfecta.

Sucede que no siempre el escultor
logra el milagro,
pero es bastante gloria que la muerte
lo encuentre cincelando,
cincelando...


Jesús Orta Ruiz



¡Hasta siempre!


viernes, 23 de enero de 2015

¿Se debe castigar a un niño? Parte 3

Tras la temporada en casa de la niño educada con un sistema de puntos lo siguiente que me dediqué a hacer estas navidades fue a buscar padres que consideran que tienen ciertos problemas con sus hijos, a enseñarles a reforzar a sus hijos con la base que poco a poco he ido adquiriendo y observar si existe algún mínimo cambio por parte de estos niños.
Antes de todo decir que no pretendo que esto funcione como una investigación científica, sino una forma de experimentación personal. Tener la vivencia de poner en práctica lo aprendido en pequeña escala. Y sobre todo, observar a través de esto, los cambios en mi sistema de creencias (en este caso, sobre educar niños) observando las cosas por mí mismo y no solamente a través de búsqueda bibliográfica (que no deja de ser necesaria). Hasta el momento, tenía claro lo siguiente:
La estrategia más frecuente en los padres actuales son las regañinas y la retirada de cosas que le gusta al niño. Curiosamente, existe un miedo generalizado a educar niños caprichosos y avariciosos pero poca gente parece tener miedo a educar niños con problemas de autoestima e indefensión aprendida. Y aunque cualquier lector, como psicólogo que es, piense que es obvio que no se debe regañar a los niños gritando o desvalorándolo por el riesgo que supone, también parece estar claro que es mucho más  frecuente encontrar padres autoritarios que padres permisivos.
Por supuesto, aunque esté más que estudiado que tanto uno como otro tienen consecuencias negativas me propuse intentar que una familia conocida redujera al mínimo la necesidad de castigar y, aún así, no caer en la permisividad.
Así pues, en este caso, vengo a traeros la historia de la segunda familia con la que tengo un acercamiento que va más allá de un simple cuestionario.
Esta familia en cuestión tenía un hijo de 9 de años. Se lamentaban de que este año iba muy mal con sus estudios no estudiaba y no hacía los deberes. Cuando intentaban que lo hiciese este se quejaba y a veces incluso llegaba a berrinches con los cuales los padres no sabían muy bien cómo reaccionar. Las soluciones que han intentado es privarle de cosas (como los videojuegos, que juega mucho) como castigo. Si intentaban reñirle cuando hacía cosas que no quería o no hacía caso, o tenía rabietas como las mencionadas. Más o menos respondía a las órdenes directas del tipo “Haz los deberes, recoge tus juguetes, etc.”
Así que, le ofrecí intentar transmitirles esta forma “positivista” de encarar los conflictos de un niño. No pretendía realizar un tratamiento, ni si quiera una evaluación formal ya que no soy profesional. El trabajo consistió en enseñarles algunas técnicas de refuerzo acercándome a lo que hacía la familia de mi segunda publicación. La única condición era que tenían que limitar el castigo tanto como pudiesen.
Instrucciones:
-No debe regañarse. Por muy desbordante que resulte la situación. El único “castigo” que permitido es el de “ignorar” en caso de rabieta. Esto por supuesto no se lo expliqué así a los padres, la idea no era ignorar como tal, sino que en caso de enfado del niño por, por ejemplo, no querer hacer los deberes ese día, el padre o la madre debe permanecer tal cual estaba, haciendo lo que sea que estuviese haciendo. De forma que así no esté dando ni un castigo ni una recompensa. La idea es que el niño perciba que la rabieta, no cambia nada, ni a favor ni en contra. Una vez acabada la rabieta, se le presta atención.
- Uso del razonamiento: El niño, y mucho más con la edad que tiene actualmente, debe explicársele por qué debe hacer cada cosa. Qué cosas pueden molestar a sus padres, o qué cosas le pueden venir
-Refuerzo mediante economía de fichas: Quizás lo que costó un poco más, ya que debíamos establecer con mucha conciencia qué conductas debían ser reforzadas y cómo.
En primer lugar, definir bien qué queríamos mejorar. Lo cual en definitiva eran sus resultados académicos. Pero claro, esto debíamos transformarlo en conductas que se pudiesen reforzar. Finalmente, se quedó en lo siguiente: Ganaría una ficha cada vez que Se sentase a hacer los deberes por propia voluntad; Otra extra si además lo hacía a la hora que se estableció (Las 5 de la tarde); Por los deberes que acabe, una ficha por cada asignatura terminada; Una ficha por cada hora que esté estudiando (Le recomendé a los padres que lo supervisaran bastante, no siempre él se está en una mesa, se está estudiando. De hecho, el acuerdo al que se llegó que le harían dos o tres preguntas sobre lo que ha estudiado para saber más o menos si se ha enterado) y, por último tres fichas por cada examen aprobado. Para una mejor evaluación del resultado del método debían mantener cierto contacto con la profesora, pero no supuso un problema ya que era algo que hacían con frecuencia.
En segundo lugar, los premios. No era algo a lo que se debiese prestar poca atención. Al leer algunos estudios que usan esta técnica para la modificación de conducta (me ha sorprendido no encontrar demasiados)  se solían evaluar las motivaciones de los niños y sus gustos para poder decidir los premios, o bien hacían una lista de premios y decidían ellos que preferían más. El problema es que todos estos estudios son en ámbitos escolares o en niños con algún tipo de diagnóstico clínico.  Así que me encontraba en un contexto diferente. Por otra parte, en la técnica de economía ficha se suele castigar quitando fichas por el mal comportamiento, cosa que aquí eliminé por la misma razón que empecé a interesarme por este asunto. La idea era (insisto) en reforzar y no castigar. De forma que los premios los decidieron los padres, confiando en el conocimiento que ellos tuviesen acerca de las motivaciones del niño. Además, les sugerí que añadiesen distintas dificultades, en el sentido de que, progresivamente, el niño pudiese conseguir premios más grandes canjeando más fichas. Además, ya que le gustaban tanto los videojuegos hacerlo de la misma forma. Debía ir subiendo niveles, cuanto más alto estuviese, más grande era el premio al que podía optar. Habría que observar cómo funcionaría esto a largo plazo. Ya que de momento solo llevan con este proceso unas semanas. Quedaron en que a las 4 semanas les subirían a “nivel 2”.
De nuevo un estructura semejante a la anterior. Más tiempo en este caso  ya que fueron unos 10 días con un autorregistro incluyendo en el todo lo descrito anteriormente. Cada ficha que le daban, cada vez que tenía una rabieta, etc. Cada dos, tres días yo me pasaba por su casa y me iban comentando como había transcurrido cada día y sus avances.
En definitiva, sus resultados mejoraron, su comportamiento mejoró y los padres, ahora se sienten mucho más relajados en casa con respecto a este tema. Actualmente ha pasado como un mes desde que comenzaron a “cambiar un poco el chip”. Lo más curioso de todo, según me cuentan ahora, el niño ha reducido completamente las rabietas. A pesar de que el objetivo de esto era mejorar sus resultados y su motivación para estudiar (Que de hecho ha sucedido en comparación al comienzo). Lo más lógica es que al aumentar su motivación a la hora de estudiar cada vez le resulta un estímulo menos desagradable que ya no intenta evitar a través de sus gritos y pataletas, ya que era prácticamente la misma situación.


Ya modo de conclusión a todo esto: ¿Significa esto que pueda existir la educación sin castigo? Lo significa quizás para mí. Por supuesto habría indagar mucho más, realizar estudios con muestras grandes y representativas, etc. Pero como ya dije, con este pequeño experimento, no pretendía cambiar la comunidad científica, sino mi propio sistema de valores, forjado en una familia en la que, como la gran mayoría, tenía que andar evitando las broncas de mi padre, que no eran educativas sino el fruto cada vez que el se enfadaba y necesitaba desahogo sin ningún tipo de filtro. Cosa que parece ocurrir en una gran mayoría de familias. ¿Deducción? No hace falta ser permisivos, no es necesario tener un hijo malcriado a quien se le da todo. Pero no parece tan difícil reforzar un poco más y hacer algo, tan, tan simple, como premiar como un esfuerzo. La idea de algo que pueda parecer tan básico para cualquiera era sentar las bases de una comunicación positiva que puede marcar la noche y el día en un clima familiar. ¿Hay que eliminar el castigo, por tanto, de nuestro vocabulario? Probablemente no, pero sí prescindir de él mucho más de lo que normalmente se hace.