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miércoles, 14 de enero de 2015

EL CIRCO DE LA PUBLICIDAD

EL CIRCO DE LA PUBLICIDAD


“La publicidad, ¿a quién le importa?
Los anuncios se olvidan.
Hacen reír, molestan, se cantan sus canciones…”

Extraído del anuncio de AUTOCONTROL (Asociación Española para la Autorregulación de la Comunicación Comercial)


Vivimos en la era de la publicidad. Totalmente. La comunicación comercial inunda nuestro día a día, llenándolo todo de mensajes breves e impactantes de ofertas, concursos y promociones de toda clase de productos y en todo tipo de establecimientos. La comunicación comercial es el nombre técnico de la publicidad, la cual se podría definir como toda clase de intercambio de información entre un determinado vendedor y un determinado comprador acerca de un producto que el primero quiere vender con éxito al segundo. Es una definición incompleta, cierto, pero al mismo tiempo fidedigna del concepto real de publicidad. La publicidad se extiende más allá de los anuncios audiovisuales de la radio o la televisión, que bien son sus elementos más identificables, no representan en absoluto las tantas posibles modalidades de publicidad. El luminoso de un quiosco o una de las “incómodas” llamadas de una compañía telefónica, cualquier comunicación entre alguien que quiere vender algo y otro alguien que lo puede comprar se ajusta al concepto de publicidad.

Y la publicidad emana directamente del sistema de comunicación humana más potente jamás creado: el lenguaje. La comunicación comercial reside en el envío de un mensaje hacia receptor, el cual, tiene que tener una actitud proactiva para que el proceso comunicativo tenga el éxito para el que está pensado: vender un producto, un servicio o un derecho a un cliente que lo paga. Es decir, que la comunicación comercial o publicidad es tal, cuando el cliente está, aunque sea mínimamente, predispuesto a atender y valorar el mensaje que le envía un vendedor. Si no hay esa intención, es prácticamente seguro que fracase la comunicación comercial, y con ella la compraventa. El bombardeo publicitario es tan grande que se alternan tanta situaciones de éxito comercial, en las que, básicamente, el cliente compra el producto y otras tantas en la que decide no comprarlo y olvidar la información dada.

Los medios por los que se nos hace llegar publicidad son incontables, especialmente desde la llegada de Internet y su incorporación total a nuestras comunicaciones cotidianas. La red es el gran centro publicitario del mundo que ha superado a las formas de comunicación comercial tradicionales: comunicación oral vendedor-cliente, prensa escrita, radio-televisión y publicidad en el punto de venta (sus siglas, PLV, se refiere a la publicidad directa en los comercios y las tiendas, en los lugares donde se comercia con productos, como por ejemplo, los carteles de “2 kilos de naranjas a 1 euro” en una frutería). Ninguna de las anteriores tiene tanto potencial comunicador como Internet actualmente. 

La comunicación verbal y la no verbal se alternan en potentes mensajes con contenido audiovisual creados por especialistas del marketing y la comunicación comercial conscientes de la magnitud divulgativa de Internet, donde tantas ideas y conocimientos se mueven cada día. Y en un anuncio son tan imprescindibles los contenidos de tipo verbal como los del tipo no verbal, transmitidos por diferentes canales (por canales, nos referimos a las vías de transmisión de esa información o contenidos citados, es decir, oral, escrita, sensorial, etc.), de manera que evoquen la mayor cantidad de cogniciones posibles sobre el producto y que una vez recuperadas dichas cogniciones se acoplen al deseo previo del cliente de comprar el producto o el servicio (lo que es garantía de éxito en la venta, el fin último de todo anuncio) o generen un nuevo deseo o necesidad de comprar ese producto o servicio (en cuyo caso no está tan claro el éxito de la venta). 

La publicidad actual, especialmente los anuncios de televisión, se centra en crear esas sensaciones, deseos, necesidades, inquietudes, ganas de tener o disfrutar de lo que venden. Los anuncios en los medios de comunicación están preparados para un gran público, a sabiendas de que la mayoría de los televidentes no lo van a consumir, pero su potencial comunicador es tan grande, tan intenso, tan evocador, que dejan en el espectador un huella, un recuerdo, una sensación, una MARCA. Y precisamente eso es lo que venden los anuncios, marcas comerciales, que dejan una huella mnémica a la que se asocian sentimientos, emociones, eslóganes, sonidos, cogniciones en general.

Las marcas comerciales son la “cima” de la investigación publicitaria: una o dos palabras, con una imagen características asociada y un producto. Es cierto que la mayor parte de marcas comerciales del mercado (y con mercado nos estamos refiriendo a todo el conjunto de agentes –o personas- y lugares donde se compra y se venden bienes, servicios, obligaciones, dinero, materias primas, etc.; no es el mercado de la compra) pertenecen a grandes empresas donde se mueve mucho dinero, y que normalmente son líderes en sus sectores económicos. Pero, muchas marcas han creado verdaderos buenos anuncios, porque generan un importante huella mnémica en nosotros, los consumidores, y que hay que valorar por su calidad, más allá de por la potencia publicitaria concreta. Todos tienen perfectamente delimitado el esquema clásico de EMISOR – MENSAJE – RECEPTOR, donde el emisor es siempre la empresa anunciadora, o el producto en sí mismo, evidentemente creado por la empresa anunciadora. El receptor suele ser un comprador habitual (algo muy importante desde el punto de vista comercial como mantener a tu clientela fiel) o  “potenciales compradores” para lo que se adapta la emisión del anuncio a la franja horaria en la que más telespectadores sean potenciales compradores (las empresas hacen estudios de mercado y saben cuándo se sientan sus compradores ante la radio o el televisor). La maestría de los publicitarios reside en elaborar un mensaje apropiado para que el potencial comprador al menos se moleste en mirar de reojo el anuncio mientras está en el sofá. Que quede algo en la memoria de las características del producto, o la simple marca, o la música, algo que a alguien (aunque sea un solo cliente potencial) le lleve a pensar en la marca, a valorarla, a desearla de algún modo.

Hace un par de años, la edición digital de un conocido periódico llevó a cabo una encuesta entre sus lectores para conocer cuáles eran los mejores anuncios de los últimos veinte años, de los que nosotros hemos seleccionado algunos. Además hemos añadido spot clásicos, como el de 1984 de Apple, y algunos de los más valorados en 2013 y 2014. Todos tienen perfectamente definidos su emisor, su mensaje y su receptor, pero además son anuncios de gran calidad técnica y con fuertes connotaciones éticas y culturales. Creemos que buenos ejemplos de lo que es hoy la publicidad, algunas joyas que ejemplifican la evolución de los anuncios publicitarios desde los ochenta del siglo XX hasta hoy.


Juan y Nacho

3º Grado en Psicología – Grupo T1

viernes, 9 de enero de 2015

Resumen de mi contenido hasta el momento: guía al estudio de mis entradas

En esta entrada os presento un breve resumen de mi trabajo realizado hasta la fecha. Con ello no pretendo (ni podría hacerlo, dada su extensión y complejidad) volver a explicar lo explicado en una sola entrada, solo pretendo establecer una introducción que sirva de guía para dar a conocer el proceso tal y como me ocurrió, de modo que sea más fácil de comprender (tanto el proceso como su resultado) para quien esté interesado en hacerlo. Debido a este objetivo (y a pesar de que trato de hacerme entender lo mejor posible con explicaciones que doy aquí y que ya he dado de forma mucho más extensa y más comprensible en las entradas que comento al final de este texto) es casi imposible comprender de qué estoy hablando y llegar a alguna parte con esta lectura sin pasar por las entradas que he publicado, que son las que verdaderamente son importantes, recordemos que ésto es sólo una escueta guía.  
Os planteo unas preguntas previas que creo que os será más fácil resolver una vez revisados los artículos que comento y que creo que deberíais, en cualquier caso, resolver tras la lectura:
  • ¿Cómo y porqué puede una persona vivir sola en un país y no querer aprender el idioma ni conocer las costumbres, renegando de todo y añorando su país de origen?
  • Una chica tiene un problema con su pareja en un país que no es su país de origen. El problema es que su pareja piensa, tal y como lo hacen en su cultura, que para no ensuciar ni estropear el suelo no pueden llevar ningún tipo de calzado en casa. ¿De qué tipo de problema estamos hablando? ¿Cómo, o qué teoría utilizarías para explicarlo? ¿Qué solución, a partir de la respuestas a las preguntas anteriores, le darías?
  • ¿Cómo podríamos prepararnos para sufrir un shock cultural? ¿Podríamos llegar a evitar sufrirlo?
  • ¿Cuál es el proceso por el cual quiero obtener (y lucho por ello) y obtengo lo mejor que puede ofrecerme cada una de las culturas que visito y cómo se lleva a cabo? ¿En qué etapas se desarrolla si es que lo hace? ¿Hay alguna teoría al respecto?
Nota al lector: Todo lo que comento aquí, os recuerdo que podéis encontrarlo completo en mis entradas, no añado aquí a lo anteriormente mencionado más que la noticia de que he podido cumplir la entrevista que había previsto, el resto está mejor explicado, más extenso y más comprensible en las entradas que ya he publicado.

Pues bien, comencemos con la guía:
Mi interés por esta temática comenzó por la observación de una suerte de "herramienta" de expresión de las emociones (aparentemente característica de españa) que una mujer que no ha nacido en Andalucía, ni tiene el español como lengua materna ha incorporado a su repertorio conductual.
De este modo, me plantée varias preguntas sobre cómo la expresión de emociones y su reconocimiento difieren en relación con la cultura y cómo ésta última puede influir sobre la primera.
Después, y como resultado a un comentario de echon.noun, entrevisté a esa persona y me pregunté por vez primera si ese caso podía tratarse de una diferencia personal o cultural. Me comentó que en su caso creía que era una diferencia cultural, por lo que esa herramienta que le resultaba útil en España, no podía usarla en su país. Hablé por ello de adaptación de esas herramientas que aprendemos dependiendo del lugar en que nos encontremos. Para ejemplificarlo, hablé por vez primera de emigración, diferencias culturales, shock cultural e, incluso, algo que, releyéndolo a día de hoy, me resulta muy similar al shock cultural inverso. Aunque ésto sólo fuera un ejemplo  entonces, después se convertiría en objeto de mi estudio hasta tal punto que lo es hasta el día en que publico esta entrada.
Así me preguntaba sobre cómo podemos identificar, aprender, integrar en nuestro repertorio conductual e identificar la situación y el marco cultural en que podemos utilizar las "herramientas" que aprendemos.
Aparece en este punto un primer marco teórico. En este caso en relación con la expresión y el reconocimiento de emociones que, recordemos, fue mi primer interés. Se trata de la teoría dialéctica de la expresión de las emociones, propuesta por Tomkins y McCarther (1964). Ésta, en resumen, ejemplifica las diferencias culturales en la expresión de emociones comparándolos con los distintos dialectos de una misma lengua. De este modo, si hablamos, por ejemplo, del andaluz y el extremeño, encontramos que hay un núcleo común, el lenguaje en que se basan que, en este caso, es el castellano. Aun con este núcleo común, hay diferencias que distinguen estos dos lenguajes. Esas diferencias se llaman programa específico de ese dialecto, como pueden ser las palabras "pisha" en andaluz o "bolo" en extremeño. Del mismo modo, según la teoría hay un lenguaje común en la expresión de emociones que comparten todas las culturas, pero cada una de ellas expresa sus emociones en un "dialecto", un programa específico. La parte que comprende el programa específico puede ser mayor o menor y en esa medida las personas que utilicen “dialectos” diferentes podrán entenderse.
Mi siguiente paso surgió de una conversación. Hablábamos sobre las diferencias culturales y la emigración y me comentaron dos ejemplos muy significativos y muy diferentes entre sí: difieren en el nivel cultural (por mucho), en el motivo de la emigración…etc. No obstante, ambos parecían sufrir unos “síntomas” que, más tarde, sabría que muy probablemente se deban al shock cultural.
Debido a que me interesaba ese “enriquecimiento” que nos aporta conocer otra cultura en cuanto a esas “herramientas” de las que hablaba, supuse que un primer paso sería tratar de conocer el motivo de que alguna gente no encuentre enriquecedor el viajar a otro país y conocer otras culturas.
Así, hablé por vez primera de comparativas entre la cultura de origen y la de acogida, claves culturales que nos sirven para identificarnos en la cultura y cuya pérdida al cambiar de cultura podría suponer una suerte de “falta de identidad”, resilencia...etc.
Todos estos factores, algunos anteriores y muchos otros se verán felizmente integrados en la teoría del shock cultural, un descubrimiento algo posterior, que realicé mientras buscaba ejemplos para hacer “estudios de caso” sobre cómo las diferencias culturales afectan a las personas. me después analizaría estos ejemplos y también me servirían para obtener un marco teórico respecto a este tema.
El análisis de estos ejemplos me llevó a definir y hacer ver los puntos en común y distintos entre el shock cultural y las diferencias culturales. Mientras el primero se debe a la aparición de las segundas, no es así a la inversa, siendo las diferencias culturales un componente del shock cultural.  Podéis leer esta distinción en más profundidad en las entradas llamadas “diseccionando ejemplos”. Es necesario, a la hora de estudiar la problemática que tiene una persona inmersa en una cultura ( o tratando con personas con otra cultura) identificar en primer lugar si se trata de una (o varias) diferencia cultural o de un shock cultural, ya que, aunque en algunos casos los “síntomas” pueden parecerse, no tienen una evolución similar, ni unas soluciones similares.
El análisis también me llevó a estudiar en profundidad (y modificar en ambos casos) dos teorías diferentes:
  • Para el análisis de las diferencias culturales, me permití modificar la teoría dialéctica de Tomkins y McCarther, al considerar (y probar en la medida en que me fue posible) que, del mismo modo que ocurría con las emociones, los programas culturales tienen un núcleo común, y las diferencias culturales se deben a la diferencia entre el programa cultural específico de cada una de las culturas.
  • Por su parte, para el análisis del shock cultural, utilicé la teoría del shock cultural propuesta por Oberg, según la cual el shock cultural se da cuando una persona deja su cultura de origen para vivir en otra y supone una “pérdida de identidad” acompañada de estrés, infelicidad...etc. Esta teoría tendría cinco etapas. En cuanto a las modificaciones, propuse que esta teoría se aplicaría tal cual solo en casos de emigración, ya que sería necesario tener una sensación de “pertenencia” al lugar y pasar un mínimo de tiempo en el lugar para pasar por todas las etapas. Propuse el retorno a etapas anteriores (gracias al consejo del profesor) tal y como se da en el fenómeno del luto, así como el hecho de que la problemática de este fenómeno se daba cuando las personas no superaban (o volvían, por el fenómeno del retorno que comento) a la segunda etapa. Además, descubrí que existía un fenómeno llamado shock cultural inverso, el cual he visto que corresponde con la quinta etapa de esta teoría  y que podría (aunque en algunos casos no lo haga) acabar con el shock.  
En cuanto a las posibles soluciones de ambas, propuse que las diferencias culturales se podrían tratar como, problemas de pareja (referidos a problemas no con uno mismo, sino con otra persona, no sólo a problemas de relaciones amorosas), ya que se trata de diferencias entre la forma de ver el mundo de dos personas. Respecto al shock cultural, la solución probablemente tenga que ver con la superación de todas las etapas (como descubrimos gracias a una de las entrevistas más interesantes que he realizado). De este modo, al llegar al shock cultural inverso,  como comenté en el análisis que hice sobre el conocimiento que podríamos tener en cada una de las etapas y cómo este afecta al shock en sí, nuestro conocimiento no se debe ya a esos recuerdos de la cultura de origen, sino que se establece un verdadero conocimiento que nos permite comparar ambas culturas y decidir a cuál de ellas queremos pertenecer.
Por último,he tratado (y sigo tratando), gracias al comentario de Isa, la temática del llamado “síndrome del eterno viajero”, viendo un corto realizado por Lucía Sánchez y Rubén Señor (algopararecordar.com) sobre ésta temática. Probablemente este “síndrome” (lo escribo entre comillas ya que es algo más positivo que negativo a pesar del nombre que le han puesto), así, como los problemas de un cierto tipo de “shock cultural parcial” o de problemas por las diferencias culturales tengan mucho que ver y sean efecto o den lugar al shock cultural inverso.  He publicado varias entradas a este respecto, además de haber tenido el lujo de poder entrevistar a los mismos Rubén y Lucía. Aun tengo muchas preguntas sobre la mesa en relación con este “síndrome”, pero espero que mi análisis de la entrevista que realizamos (la cual también publicaré en formato vídeo junto al análisis, por supuesto)  den respuesta a muchas de ellas y, por qué no, también dé lugar a muchas otras. Algunas preguntas que se me plantean a este respecto pueden ser:
  • ¿Es necesario sufrir un shock cultural completo para sufrir su quinta etapa, o shock cultural inverso?
  • El “síndrome del eterno viajero”, ¿Es a veces el resultado o quizá la causa en ocasiones del shock cultural inverso?
  • ¿Es posible que un viajero desarrolle de algún modo el shock cultural?
  • ¿Habrá una teoría que explique mejor este “síndrome”?
  • El “síndrome del eterno viajero”, ¿está más relacionado con los problemas con diferencias culturales o con el shock cultural?
De este modo, para estudiar el tipo de shock cultural al que se enfrentan las personas con el “síndrome del eterno viajero”, y quizá los viajeros en general, probablemente se necesite una tercera teoría, aunque, como he comentado, quizá puedan aplicarse ambas teorías (la del shock cultural y la “teoría dialéctica”, ambas modificadas) en cierta medida.
Obviamente, y como ya he comentado antes esto es sólo un burdo resumen, es imposible resumir en unas cuantas páginas entradas que han podido ocuparme entre 5 y 10 folios cada una, por lo que recomiendo visitar (o repasar) las entradas que he ido publicando, que os dejo a continuación según su orden de publicación:
Acotación al margen: Cabe informaos de que aquello encontraréis en la primera entrada difiere significativamente respecto al resto, tanto en estilo como en objetivos, ya que por aquel entonces creí que el objetivo del trabajo era el resultado final y no el trayecto en sí.

http://psicologia-lenguaje.blogspot.com.es/2015/01/preguntas-para-la-entrevista-los-chicos.html