Hola compas, como indica el título, el viernes presentaré el tema que he estado investigando este semestre, comencé con el lenguaje performativo y la construcción del genero, intenté luego ilustrar ejemplos concretos y seguí con exclusión. Todo ello me llevó a querer crear una suerte de manifiesto infaltil sobre el derecho de la autodetermición y libertad de género de la niña/o, no sé si me dará tiempo a publicarlo antes del viernes, pero si se os ocurre alguna idea al respecto o algo que tengais que aportan será muy bienvenido.
Os dejo ahora lo enlaces a mis entradas, si necesitais información adicional o alguna explicación antes del viernes me podeis escribir a mi mail (anabelarodrigueznunes@gmail.com) y os paso el material o info. que necesiteis.
"Pero porque os amo, mis iguales valientes, os deseo
que vosotros también perdáis la valentía. Os deseo que os falte la fuerza de
repetir la norma, que no tengáis la energía de seguir fabricando la identidad,
que perdáis la determinación de seguir creyendo que vuestros papeles dicen la
verdad sobre vosotros. Y cuando hayáis perdido toda la valentía, locos de
cobardía, os deseo que inventéis un manual de uso para vuestros cuerpos. Porque
os amo, os deseo débiles y no valientes. Porque es a través de la debilidad que
la revolución actúa"
San Beatriz Preciado
Como os vengo a(de)nunciando en mis posts anteriores el
género no es una propiedad esencialistas del sujeto, sino más bien el producto
de técnicas discursivas y sociales, de prácticas políticas que gestionan la
verdad y la vida.
Tenemos hoy que despertar del sueño colectivo sobre la “verdad
del sexo” como otrora tuvimos que hacerlo ante la idea según la cual el sol
giraba alrededor de la tierra. Para hablar de género-sexo es necesario comenzar
con un acto de ruptura epistemológica, una quiebra de la columna conceptual que
permita la emancipación cognitiva, esto es: tenemos que abandonar totalmente el
lenguaje de la diferencia sexual y hacer lo suyo con el de la identidad sexual.
No hay ni únicamente dos género-sexos ,
sino usos del cuerpo reconocidos como naturales o sancionados como desviantes.
El ojo “franciscano” (adjetivo que hago venir del sujeto y
no de la orden religiosa) que todo lo ve y que reina sobre nuestras entradas en
este nuestro querido blog, me recomendó mirar más detenidamente la parte de la
sanción/exclusión mediante la cual la creación de la identidad de género actúa
y se da. Entre otras cosas ese fue el motivo de mi anterior entrada, pero no
contenta con ésto he decidido dedicarle toda esta entrada y no solo por orden
del “supremo” sino porque realmente me
parece una forma de visibilización y desenmascaramiento de estas políticas de creación
de verdad.
El cuerpo disidente
muestra y deconstruye con su sola
presencia las ficciones que las prácticas políticas heteronormativas intentan
pasar como verdad maniqueísta. Y no solo
denuncia con su presencia, sino que nos muestra nuevos idearios, nuevas formas
de ser fuera de lo binario, golpea
nuestro imaginario legado y nos da la posibilidad de pensar nuevos teatros
donde podamos producir otra fuerza discursiva, otra escena enunciativa. Nos
dan la posibilidad a través de su ejemplo de des-identificarnos para
reconstruir una subjetividad a la medida
de la subjetividad que cada uno cree
para sí.
Por eso os traigo este pequeño vídeo de testimonios de
cuerpos disidentes titulado “marimachos” donde podemos ver-escuchar-sentir la exclusión
que se sufre cuando se es disidente de género y el efecto de la llegada de las
teorías queer en algunas de ellas.
Después
del tímido acercamiento en mis dos entradas anteriores al género performativo y
con ello a las teorías queer, teorías
puta, teorías bollo o como queráis llamarlas, pero que suene fuerte y que haga
mucho ruido, es hora de pasar de la idea a la carne. Tal vez sea necesaria también un arma menos
académica y más cotidiana que hable un lenguaje más próximo, con signos,
expresiones y experiencias reconocibles. Porque muchas veces bajar la fría
teoría a la piel sensible es un camino más pedregoso y difícil que
pertrecharnos de retórica y motivos (que también pienso es ineludible si
queremos situarnos).
Primero
que nada, aclarar como bien hace Coco Riot, que la acción puede tomar muchas formas,
y cada una de nosotrxs necesita ver la que le conviene mejor según su
personalidad, sus capacidades y su comunidad. Si queremos dejar atrás las
imposiciones de género-sexo, guardémonos también de crear nuevas prospecciones
rígidas de cómo hay-que y cómo no-hay-que.
Pero pasemos antes por ejemplos más concretos de cómo esta creación que es el género se va dando y gestando:
Las
mujeres, las asignadas mujeres en el nacimiento, las leídas como mujeres, o
como os salga de la vagina llamarlo, estamos desde pequeñas sometidas a un
sinfín de indicaciones y normas sociales sobre qué es ser mujer y qué conductas y actitudes vienen asociadas a ello. Ésto en la infancia funciona de una manera mucho más visible, para algunxs, que luego en edades más avanzadas. Hay
juguetes para niños y para niñas, los primeros suelen ser del área de cuidados,
limpieza o belleza, hay series infantiles para niñas con protagonistas
hiperfemeninas y series para niños. Hay siempre alguien que te señala que no
debes hacer pis de pie, que no debes cortarte el pelo, que los camiones son
para niños, que las niñas se casan con príncipes y no con princesas, que hay
que estar guapa, que el amor romántico nos va salvar y todos a comer perdices.
La belleza es el requisito sine qua non
para valorar a una mujer, las figuras sabias y respetadas siempre son
masculinas y más allá de lo que se dice hablando es lo que se ve callando, la
forma de actuar de padres, de compañeros, los roles repetidos hasta la nausea en películas y
libros, las miradas de desaprobación.
Todo esto de arriba y la interminable lista
que falta y viene algo después (los piropos que comienzan incluso antes de la adolescencia, las agresiones sexuales, el "estate callada", que la voz de alguien con pene
se escuche más que la tuya, cobrar menos por el mismo trabajo y puedo seguir,
pero me estoy cabreando) no funcionan como "indicaciones" suaves y amables o como normativas flexibles,
una vez que los roles se establecen como normas sociales implícitas sus mecanismos de acción
se mueven, entre otros, mediante la exclusión y la adopción del discurso como propio, como parte del "yo".
Después
de años bajo el mismo discurso repetitivo éste se interioriza y se convierte en uno mismo,
el vigilante eternamente vigilado, acabas andando, riendo, vistiendo,
sonriendo, follando y procreando como "la mujer que eres", voilá “y el verbo se
hizo carne”.
El
otro potente mecanismo es la exclusión. Empieza
en la familia y en el colegio, se margina a aquel que no sigue el rol de género
que le ha tocado, a la marimacho, al niño afeminado, los padres se sienten decepcionados y miran
como padres decepcionados o como padres amenazantes, todo muy sutil a veces,
pero muy. Y esto sigue en el instituto, en la pareja, en la universidad, en la
vida. La exclusión funciona muy bien, porque duele y muchas veces no solo viene
de fuera. Muchas veces ni siquiera es visible.
¿Y
ahora qué? ¿Cuáles son los contra-mecanismos para combatir?¿Cómo salir de estas
identidades rígidas y fértiles padres de malestar?
Empecemos
por nuestro comienzo: el lenguaje, utilicemos uno más inclusivo, desechemos el
masculino plural invisibilizante como universal, dejemos de decir “el hombre”
cuando nos refiramos a la humanidad. Utiliza vosotras, nosotras, nosotres, elles,
ellxs, diversifica tu lenguaje. Dejemos de transmitir mediante la palabra
ficciones sociales, ni “las mujeres son”, ni “deberían”, ni “suelen” ni
diferencia alguna que haga referencia a
una verdad pre-existente.
Cambia
tu manera de percibirte, inténtalo al menos, si la verdad se crea, el
repetirnos constantemente que somos mujeres, que somos hombres, que somos heterosexuales, que somos x, va a
acabar por moldear y crear nuestro
deseo, nuestra forma de pensar, de hablar, de vestir, etc. Déjate hacer sin
categorizarte genéricamente, córtate el pelo, déjatelo largo, déjate crecer el
vello, depílate, usa vestidos, no los uses, ponte un pene de plástico, quítatelo, mastúrbate,
haz una orgía, y sobre todo viceversa.
En definitiva haz sin que el supuesto género al que perteneces te marque los espacios y las posibilidades de ser.
No te autocategorices constantemente. Como dice deMiriam Yung “Hoy
diré “yo” 276 veces, sin saber exactamente a quién me refiero”. Pero desconfía también de tus voluntades cisgénero.
Para ilustrar mi discurso,
ampliarlo y especificarlo os voy a dejar diferentes enlaces de áreas menos
académicas, pero no menos interesantes:
En dichas revistas se pueden
leer cosas como: “Sé comprensiva con todo el mundo y, sobre todo con ÉL -’él’
viene escrito en mayúsculas-. No juzgues, no critiques, no rechaces a cuantos
no actúan como tú. Serás más bella”. Desde algunas tribunas se sugiere que
hacerse la inútil es una eficaz técnica de conquista. “En lugar de tratarlo
como a tu mayordomo particular utiliza la táctica ‘patosilla’: ¡Ay Javi, soy
una inútil, me he dejado el monedero en casa! (…) Javi eres un genio, si
pudiera estudiar con tus apuntes de mates seguro que aprobaría”, dice la
Superpop nº 465. O “Ellos te quieren ver fantástica, magnífica, estupenda,
brillante, seductora, encantadora, simpática, y genial. ¿Imposible? ¡Qué va! Te
contamos todos los trucos para que los chicos se te coman con los ojos”
También os dejo un
testimonio de la misma revista de una chico que cambió de género, donde dice
cosas tan reveladoras como:
“El primer cambio fue cuando
pasé de ser un objeto del deseo masculino a un igual. De repente me di cuenta
de que llevaba toda la vida con una mochila cargada a mis espaldas llena de
miedo. Un miedo que de forma más o menos consciente hemos sentido todas
aquellas personas socializadas como mujeres, y aquellas que son reconocidas
como tales. Un miedo sistémico que damos por hecho. Tan sistémico que yo (hasta
siendo feminista) no fui capaz de reconocer en mí hasta que no me vi libre de
él. Hasta el día en que se me acercó un tío por la calle para hablar y para él
no existía posibilidad de relación sexual. El acercamiento fue de igual a
igual."
Y por último un vídeo
divertidísimo de Ellen Degeners, porque el humor es una de las armas para
cambiar conceptos y visibilizar a la vez que se ridiculizan los estereotipos: