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lunes, 19 de enero de 2015

Diálogo socrático viernes 23 (17:00), De género, lenguaje e identidad.



 Hola compas, como indica el título, el viernes presentaré el tema que he estado investigando este semestre, comencé con el lenguaje performativo y la construcción del genero, intenté luego ilustrar ejemplos concretos y seguí con exclusión. Todo ello me llevó a querer crear una suerte de manifiesto infaltil sobre el derecho de la autodetermición y libertad de género de la niña/o, no sé si me dará tiempo a publicarlo antes del viernes, pero si se os ocurre alguna idea al respecto o algo que tengais que aportan será muy bienvenido. 



 Os dejo ahora lo enlaces a mis entradas, si necesitais información adicional o alguna explicación antes del viernes me podeis escribir a mi mail (anabelarodrigueznunes@gmail.com) y os paso el material o info. que necesiteis. 


http://psicologia-lenguaje.blogspot.com.es/2014/11/lenguaje-performativo-y-genero-traves.html

http://psicologia-lenguaje.blogspot.com.es/2014/11/lenguaje-performativo-y-genero-traves_28.html

http://psicologia-lenguaje.blogspot.com.es/2014/12/si-el-genero-es-una-construccion-social.html

http://psicologia-lenguaje.blogspot.com.es/2015/01/deconstruyendo-el-genero-una-mirada.html 


Hasta el viernes (:

miércoles, 14 de enero de 2015

Deconstruyendo el género, una mirada a resistencias de generización del cuerpo.



"Pero porque os amo, mis iguales valientes, os deseo que vosotros también perdáis la valentía. Os deseo que os falte la fuerza de repetir la norma, que no tengáis la energía de seguir fabricando la identidad, que perdáis la determinación de seguir creyendo que vuestros papeles dicen la verdad sobre vosotros. Y cuando hayáis perdido toda la valentía, locos de cobardía, os deseo que inventéis un manual de uso para vuestros cuerpos. Porque os amo, os deseo débiles y no valientes. Porque es a través de la debilidad que la revolución actúa"             
                       San Beatriz Preciado 



 Como os vengo a(de)nunciando en mis posts anteriores el género no es una propiedad esencialistas del sujeto, sino más bien el producto de técnicas discursivas y sociales, de prácticas políticas que gestionan la verdad y la vida.

 Tenemos hoy que despertar del sueño colectivo sobre la “verdad del sexo” como otrora tuvimos que hacerlo ante la idea según la cual el sol giraba alrededor de la tierra. Para hablar de género-sexo es necesario comenzar con un acto de ruptura epistemológica, una quiebra de la columna conceptual que permita la emancipación cognitiva, esto es: tenemos que abandonar totalmente el lenguaje de la diferencia sexual y hacer lo suyo con el de la identidad sexual.  No hay ni únicamente dos género-sexos , sino usos del cuerpo reconocidos como naturales o sancionados como desviantes.

 El ojo “franciscano” (adjetivo que hago venir del sujeto y no de la orden religiosa) que todo lo ve y que reina sobre nuestras entradas en este nuestro querido blog, me recomendó mirar más detenidamente la parte de la sanción/exclusión mediante la cual la creación de la identidad de género actúa y se da. Entre otras cosas ese fue el motivo de mi anterior entrada, pero no contenta con ésto he decidido dedicarle toda esta entrada y no solo por orden del “supremo” sino porque realmente  me parece una forma de visibilización y desenmascaramiento de estas políticas de creación de verdad.

El cuerpo disidente muestra  y deconstruye con su sola presencia las ficciones que las prácticas políticas heteronormativas intentan pasar como verdad maniqueísta.  Y no solo denuncia con su presencia, sino que nos muestra nuevos idearios, nuevas formas de ser fuera de lo binario,  golpea nuestro imaginario legado y nos da la posibilidad de pensar nuevos teatros donde podamos producir otra fuerza discursiva, otra escena enunciativa. Nos dan la posibilidad a través de su ejemplo de des-identificarnos para reconstruir  una subjetividad a la medida de la subjetividad que cada uno cree  para sí.

Por eso os traigo este pequeño vídeo de testimonios de cuerpos disidentes titulado “marimachos”  donde podemos ver-escuchar-sentir la exclusión que se sufre cuando se es disidente de género y el efecto de la llegada de las teorías queer en algunas de ellas. 

Espero que lo disfrutéis, hermanxs. 


viernes, 12 de diciembre de 2014

Si el género es una construcción social, ahora toca deconstruir.



Lo personal es político



Después del tímido acercamiento en mis dos entradas anteriores al género performativo y con ello a las  teorías queer, teorías puta, teorías bollo o como queráis llamarlas, pero que suene fuerte y que haga mucho ruido, es hora de pasar de la idea a la carne.  Tal vez sea necesaria también un arma menos académica y más cotidiana que hable un lenguaje más próximo, con signos, expresiones y experiencias reconocibles. Porque muchas veces bajar la fría teoría a la piel sensible es un camino más pedregoso y difícil que pertrecharnos de retórica y motivos (que también pienso es ineludible si queremos situarnos).
Primero que nada, aclarar como bien hace Coco Riot, que la acción puede tomar muchas formas, y cada una de nosotrxs necesita ver la que le conviene mejor según su personalidad, sus capacidades y su comunidad. Si queremos dejar atrás las imposiciones de género-sexo, guardémonos también de crear nuevas prospecciones rígidas de cómo hay-que y cómo no-hay-que.

Pero pasemos antes por ejemplos más concretos de cómo esta creación que es el género se va dando y gestando:

Las mujeres, las asignadas mujeres en el nacimiento, las leídas como mujeres, o como os salga de la vagina llamarlo, estamos desde pequeñas sometidas a un sinfín de indicaciones y normas sociales sobre qué es ser mujer y qué conductas y actitudes vienen asociadas a ello. Ésto en la infancia funciona de una manera mucho más visible, para algunxs, que luego en edades más avanzadas. Hay juguetes para niños y para niñas, los primeros suelen ser del área de cuidados, limpieza o belleza, hay series infantiles para niñas con protagonistas hiperfemeninas y series para niños. Hay siempre alguien que te señala que no debes hacer pis de pie, que no debes cortarte el pelo, que los camiones son para niños, que las niñas se casan con príncipes y no con princesas, que hay que estar guapa, que el amor romántico nos va salvar y todos a comer perdices. La belleza es el requisito sine qua non para  valorar a una mujer, las figuras sabias y respetadas siempre son masculinas y más allá de lo que se dice hablando es lo que se ve callando, la forma de actuar de padres, de compañeros, los roles repetidos hasta la nausea en películas y libros, las miradas de desaprobación.
 Todo esto de arriba y la interminable lista que falta y viene algo después (los piropos que comienzan incluso antes de la adolescencia, las agresiones sexuales, el "estate callada", que la voz de alguien con pene se escuche más que la tuya, cobrar menos por el mismo trabajo y puedo seguir, pero me estoy cabreando) no  funcionan como "indicaciones" suaves y amables o como normativas flexibles, una vez que los roles se establecen como normas sociales implícitas sus mecanismos de acción se mueven, entre otros, mediante la exclusión y la adopción del discurso como propio, como parte del "yo". 
Después de años bajo el mismo discurso repetitivo éste se interioriza y se convierte en uno mismo, el vigilante eternamente vigilado, acabas andando, riendo, vistiendo, sonriendo, follando y procreando como "la mujer que eres", voilá “y el verbo se hizo carne”. 
El otro potente mecanismo es la exclusión.  Empieza en la familia y en el colegio, se margina a aquel que no sigue el rol de género que le ha tocado, a la marimacho, al niño afeminado,  los padres se sienten decepcionados y miran como padres decepcionados o como padres amenazantes, todo muy sutil a veces, pero muy. Y esto sigue en el instituto, en la pareja, en la universidad, en la vida. La exclusión funciona muy bien, porque duele y muchas veces no solo viene de fuera. Muchas veces ni siquiera es visible.

¿Y ahora qué? ¿Cuáles son los contra-mecanismos para combatir?¿Cómo salir de estas identidades rígidas y fértiles padres de malestar? 


Empecemos por nuestro comienzo: el lenguaje, utilicemos uno más inclusivo, desechemos el masculino plural invisibilizante como universal, dejemos de decir “el hombre” cuando nos refiramos a la humanidad. Utiliza vosotras, nosotras, nosotres, elles, ellxs, diversifica tu lenguaje. Dejemos de transmitir mediante la palabra ficciones sociales, ni “las mujeres son”, ni “deberían”, ni “suelen” ni diferencia alguna  que haga referencia a una verdad pre-existente.
Cambia tu manera de percibirte, inténtalo al menos, si la verdad se crea, el repetirnos constantemente que somos mujeres, que somos hombres,  que somos heterosexuales, que somos x, va a acabar por moldear y crear  nuestro deseo, nuestra forma de pensar, de hablar, de vestir, etc. Déjate hacer sin categorizarte genéricamente, córtate el pelo, déjatelo largo, déjate crecer el vello, depílate, usa vestidos, no los uses, ponte un pene de plástico, quítatelo, mastúrbate, haz una orgía,  y sobre todo viceversa. En definitiva haz sin que el supuesto género al que perteneces te marque los espacios y las posibilidades de ser. No te autocategorices constantemente. Como dice de Miriam Yung   “Hoy diré “yo” 276 veces, sin saber exactamente a quién me refiero”. Pero desconfía también de tus voluntades cisgénero.


Para ilustrar mi discurso, ampliarlo y especificarlo os voy a dejar diferentes enlaces de áreas menos académicas, pero no menos interesantes:



Aquí un artículo de Píkara magazine que ilustra con ejemplos sacados de diferentes revistas para mujeres y adolescente  la creación de estereotipos de género: http://www.pikaramagazine.com/2014/11/de-franco-a-superpop-ensenando-a-ser-mujer-por-los-siglos-de-los-siglos/

En dichas revistas se pueden leer cosas como: “Sé comprensiva con todo el mundo y, sobre todo con ÉL -’él’ viene escrito en mayúsculas-. No juzgues, no critiques, no rechaces a cuantos no actúan como tú. Serás más bella”. Desde algunas tribunas se sugiere que hacerse la inútil es una eficaz técnica de conquista. “En lugar de tratarlo como a tu mayordomo particular utiliza la táctica ‘patosilla’: ¡Ay Javi, soy una inútil, me he dejado el monedero en casa! (…) Javi eres un genio, si pudiera estudiar con tus apuntes de mates seguro que aprobaría”, dice la Superpop nº 465. O “Ellos te quieren ver fantástica, magnífica, estupenda, brillante, seductora, encantadora, simpática, y genial. ¿Imposible? ¡Qué va! Te contamos todos los trucos para que los chicos se te coman con los ojos”

También os dejo un testimonio de la misma revista de una chico que cambió de género, donde dice cosas tan reveladoras como:
“El primer cambio fue cuando pasé de ser un objeto del deseo masculino a un igual. De repente me di cuenta de que llevaba toda la vida con una mochila cargada a mis espaldas llena de miedo. Un miedo que de forma más o menos consciente hemos sentido todas aquellas personas socializadas como mujeres, y aquellas que son reconocidas como tales. Un miedo sistémico que damos por hecho. Tan sistémico que yo (hasta siendo feminista) no fui capaz de reconocer en mí hasta que no me vi libre de él. Hasta el día en que se me acercó un tío por la calle para hablar y para él no existía posibilidad de relación sexual.  El acercamiento fue de igual a igual."

Y por último un vídeo divertidísimo de Ellen Degeners, porque el humor es una de las armas para cambiar conceptos y visibilizar a la vez que se ridiculizan los estereotipos: