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martes, 10 de febrero de 2015

Manifiesto por la no generización de la infancia




Les niñes tenemos derecho a manifestarnos emocionalmente y de diferentes maneras sin que se nos entre a cuestionar que tal o cual forma de expresión es "propio de niños" o es "propio de niñas". Sí, estamos cansadas hasta el berrinche de que nos digan que los niños no lloran y que  las niñas son unas histéricas.

No queremos ser princesas, queremos ser médicos, astronautas, payasas o lo que sea que queramos ser. Por favor, madres y padres del mundo, dadnos a leer libros y a ver películas donde no se prime el estereotipo de género. Que éstas, si tienen que ser, sean las menos.

 Queremos historias que hablen de relaciones no normativas, donde haya discapacitados, transexuales, madres solteras, negros, chinos, bolleras. No nos digan de mil maneras que el amor romántico nos va a salvar. Nos vamos a salvar nosotras, porque somos fuertes, valientes e inteligentes. Repetidnos estas cualidades más a menudo y no tanto el "ay, qué guapo, qué mona" queremos saber que hay más que la belleza y sobre todo que importa más.

 Hablemos del vestir: queremos tener poder de decisión sobre nuestra ropa, poder ponernos un vestido o pantalones seamos "niños o niñas". Que en los colegios en los que haya uniforme éste o bien sea unisex o se pueda elegir libremente cual de los dos llevar o llevar ambos.

Queremos llevar el pelo largo o corto, que esta esfera también entre dentro de nuestro dominio de decisión. Si se me ha asignado el género de niño que nadie me diga que por ello no puedo llevar coletas o lazos o si por el contrario me quiero cortar el pelo, que se me deje hacerlo. Queremos experimentar.

No nos compren juguetes únicamente perteneciente a nuestro supuesto género, no sean aburridos. Todos podemos jugar con cocinitas, con coches o ser superheroínas. No nos marquen el camino ya trillado.

Que ser niña no signifique ser débil, que decir por ejemplo "correr como niñas" no se utilice peyorativamente. Corremos como niñas-leonas, porque eso es lo que somos.  Que jugar sea un acto de expresión, comunión y aprendizaje con la demás comunidad infantil, no una manera de segregar en dos mitades a les niñes.


Aquí os dejamos algunos ejemplos de madres y padres que lo están haciendo jodidamente bien:

http://www.huffingtonpost.es/seth-menachem/mi-hijo-se-pone-vestidos-_b_5627223.html

http://www.buzzfeed.com/krystieyandoli/esta-serie-de-hermosas-fotos-muestran-como-los-ninos-estan-r#.ptWO0RnrW0

http://www.taringa.net/posts/noticias/10774983/Crian-a-su-hijo-sin-decir-su-sexo-para-que-pueda-elegir.html


lunes, 19 de enero de 2015

Diálogo socrático viernes 23 (17:00), De género, lenguaje e identidad.



 Hola compas, como indica el título, el viernes presentaré el tema que he estado investigando este semestre, comencé con el lenguaje performativo y la construcción del genero, intenté luego ilustrar ejemplos concretos y seguí con exclusión. Todo ello me llevó a querer crear una suerte de manifiesto infaltil sobre el derecho de la autodetermición y libertad de género de la niña/o, no sé si me dará tiempo a publicarlo antes del viernes, pero si se os ocurre alguna idea al respecto o algo que tengais que aportan será muy bienvenido. 



 Os dejo ahora lo enlaces a mis entradas, si necesitais información adicional o alguna explicación antes del viernes me podeis escribir a mi mail (anabelarodrigueznunes@gmail.com) y os paso el material o info. que necesiteis. 


http://psicologia-lenguaje.blogspot.com.es/2014/11/lenguaje-performativo-y-genero-traves.html

http://psicologia-lenguaje.blogspot.com.es/2014/11/lenguaje-performativo-y-genero-traves_28.html

http://psicologia-lenguaje.blogspot.com.es/2014/12/si-el-genero-es-una-construccion-social.html

http://psicologia-lenguaje.blogspot.com.es/2015/01/deconstruyendo-el-genero-una-mirada.html 


Hasta el viernes (:

miércoles, 14 de enero de 2015

Deconstruyendo el género, una mirada a resistencias de generización del cuerpo.



"Pero porque os amo, mis iguales valientes, os deseo que vosotros también perdáis la valentía. Os deseo que os falte la fuerza de repetir la norma, que no tengáis la energía de seguir fabricando la identidad, que perdáis la determinación de seguir creyendo que vuestros papeles dicen la verdad sobre vosotros. Y cuando hayáis perdido toda la valentía, locos de cobardía, os deseo que inventéis un manual de uso para vuestros cuerpos. Porque os amo, os deseo débiles y no valientes. Porque es a través de la debilidad que la revolución actúa"             
                       San Beatriz Preciado 



 Como os vengo a(de)nunciando en mis posts anteriores el género no es una propiedad esencialistas del sujeto, sino más bien el producto de técnicas discursivas y sociales, de prácticas políticas que gestionan la verdad y la vida.

 Tenemos hoy que despertar del sueño colectivo sobre la “verdad del sexo” como otrora tuvimos que hacerlo ante la idea según la cual el sol giraba alrededor de la tierra. Para hablar de género-sexo es necesario comenzar con un acto de ruptura epistemológica, una quiebra de la columna conceptual que permita la emancipación cognitiva, esto es: tenemos que abandonar totalmente el lenguaje de la diferencia sexual y hacer lo suyo con el de la identidad sexual.  No hay ni únicamente dos género-sexos , sino usos del cuerpo reconocidos como naturales o sancionados como desviantes.

 El ojo “franciscano” (adjetivo que hago venir del sujeto y no de la orden religiosa) que todo lo ve y que reina sobre nuestras entradas en este nuestro querido blog, me recomendó mirar más detenidamente la parte de la sanción/exclusión mediante la cual la creación de la identidad de género actúa y se da. Entre otras cosas ese fue el motivo de mi anterior entrada, pero no contenta con ésto he decidido dedicarle toda esta entrada y no solo por orden del “supremo” sino porque realmente  me parece una forma de visibilización y desenmascaramiento de estas políticas de creación de verdad.

El cuerpo disidente muestra  y deconstruye con su sola presencia las ficciones que las prácticas políticas heteronormativas intentan pasar como verdad maniqueísta.  Y no solo denuncia con su presencia, sino que nos muestra nuevos idearios, nuevas formas de ser fuera de lo binario,  golpea nuestro imaginario legado y nos da la posibilidad de pensar nuevos teatros donde podamos producir otra fuerza discursiva, otra escena enunciativa. Nos dan la posibilidad a través de su ejemplo de des-identificarnos para reconstruir  una subjetividad a la medida de la subjetividad que cada uno cree  para sí.

Por eso os traigo este pequeño vídeo de testimonios de cuerpos disidentes titulado “marimachos”  donde podemos ver-escuchar-sentir la exclusión que se sufre cuando se es disidente de género y el efecto de la llegada de las teorías queer en algunas de ellas. 

Espero que lo disfrutéis, hermanxs. 


jueves, 18 de diciembre de 2014

Diseccionando ejemplos II: Ejemplo en vivo, inducción y cirugía teórica.

“El luto no se sufre una vez, sus etapas se repiten, vuelven. De esta forma sufrimos el luto en múltiples ocasiones”.                                                             Francisco Tornay.

Antes de nada, quiero dar las gracias a la persona que inspiró en un primer momento el tema que llevo tanto tiempo tratando y lleva tendiéndome su mano desde aquel momento hasta ahora. Sin ella quién sabe en qué punto estaría ahora. Gracias.

El viernes pasado, cuando publiqué “Ejemplificando el shock cultural” dispuse, como paso previo a la enumeración de ejemplos a la que ahora vuelvo, una “Teoría del shock cultural” que había sido propuesta en su día por Oberg.  Aquí el enlace a esa entrada:


Por entonces me parecía un acertado esquema. Aun así, sabía que no podía explicar varios de los casos que proponía. Hoy, como paso previo al análisis, y en parte como una guía a éste, explico por qué a día de hoy creo que esta teoría no explica correctamente el shock cultural.

Este problema lo comentaba con el profesor hace unos días. Yo le comentaba que esta teoría se aplica en su totalidad sólo si la estancia es lo suficientemente larga en la sociedad a la que no se está acostumbrado y se toma la decisión de vivir en ella dejando atrás la cultura anterior. En el caso de las personas que van de viaje durante unos días o semanas, quizá no diera tiempo de pasar por todas estas fases. He ahí el primer fallo. Creo que se trata de una teoría de shock cultural para emigrantes. ¿Por qué para emigrantes? Porque, a mi parecer, cumplen dos requisitos básicos para pasar por estas fases. 
Estos requisitos son:

1.       Pasar el suficiente tiempo en la sociedad a la que no se está acostumbrado
2.       Decidir que ahora se va a vivir en esa sociedad, lo que conlleva sufrir la pérdida de los símbolos y personas que nos hacían, en cierto modo, de guías.

Este segundo punto se hace entender en el propio artículo, pero no se expone como algo necesario sino como un efecto del shock, lo que no es, a mi opinión, lo que sucede.

¿Por qué creo que estos puntos son necesarios? :

1.       Porque sin el primero no se trataría de un emigrante sino de un turista, un viajero que no sufre durante el suficiente tiempo las diferencias culturales ni vive allí lo suficiente para pasar por todas las etapas.
2.       Porque sin decidir vivir en esa sociedad, de nuevo, sólo somos turistas, y las diferencias culturales no se ven del mismo modo, ya que se observan como algo ajeno a la propia identidad, no se sufre la pérdida de los símbolos y personas y los problemas de la sociedad nos resultan, en cierto modo, ajenos.

Por otra parte, mi descubrimiento del segundo fallo en la teoría debo agradecerlo a la charla con el profesor en la última clase, que me habló sobre las fases del duelo. La frase más reveladora para mí de esa conversación es la que introduce esta entrada, marcada en negrita.

Del mismo modo que las etapas del luto pueden repetirse, volver a nosotros aun cuando creíamos que las habíamos superado, quizá también estas etapas propuestas por la teoría podrían volver. De este modo no pasaríamos por esas etapas una única vez, si no que, durante nuestra vida en ese país, pueden volver en diferentes ocasiones a nosotros.

Como tercer y último problema, dudo que en todos los casos se de esa primera etapa, si hay un rechazo del lugar desde el primer momento, como veremos más adelante, es probable esta primera etapa de “luna de miel” nunca se pase. Este tercer punto a tener en cuenta tiene que ver con la motivación que lleva a la persona a emigrar. Si es por una motivación intrínseca sí es probable que haya una primera etapa de “luna de miel” pero si no es así, quizá esta primera etapa no se diera en todos los casos. En los casos en que no se de esta primera etapa de “luna de miel” (asociados quizá a una motivación extrínseca por viajar), quizá haya una primera fase en la que nada nos parezca correcto en las costumbres de ese lugar, pero aun no se haya llegado a la segunda fase de la teoría en el sentido de que no se siente ese pesar, esa sensación de estar perdido, ese malestar provocado por la falta de identidad en el nuevo ámbito.

En relación con la condición de emigrante, también debo destacar la necesidad de la inmersión en el país, si vivimos, como era el caso de los profesores franceses en España que comentaba en este post (http://psicologia-lenguaje.blogspot.com.es/2014/12/la-mente-como-una-puerta-conocer-una.html) en un entorno en que no haya diferencias culturales porque vivimos con personas con nuestra misma cultura, aun estando en un lugar donde sí haya una importante diferencia cultural, no puede haber un shock cultural.

De este modo, con el retorno a etapas anteriores, la no imprescindibilidad  de la primera etapa, la importancia de la inmersión en la sociedad y la condición de emigrante, la propuesta teórica del shock cultural queda, para mí, más redonda y precisada.

Antes de continuar, cabe subrayar que en numerosas ocasiones el término shock cultural se utiliza de forma indebida, un shock cultural no es, por ejemplo, la vez que viajamos a un país y quedamos sorprendidos por una gran diferencia cultural. El término shock cultural es más complejo y no debe usarse a la ligera. No se trata de quedar horrorizado por la diferencia (esto, como ya hemos visto, es una diferencia cultural), sino del conflicto que causan los aspectos negativos de la "nueva" cultura (y cómo estos influirán o influyen en nuestra vida) en comparación con los aspectos negativos de la cultura a la que estamos acostumbrados. Pero este conflicto se produce por ,y produce a su vez, esa suerte de pérdida de identidad, de esos símbolos que nos hacían de guía en la "antigua" sociedad y que ahora no nos sirven como clave para comprender esta "nueva" sociedad. Es por eso que este shock solo se produce cuando queremos, o nos vemos obligados a, integrarnos en esa cultura (de ahí la necesidad de querer, o tener que, vivir en esa sociedad).

Para más información sobre el shock cultural:


Una vez esta teoría ha sido precisada podemos pasar al momento del análisis de los ejemplos. En esta ocasión analizaré los problemas que causa el shock cultural en las relaciones de pareja.

En esta entrada trataré tres problemas con sus similitudes y sus diferencias. Los nombraremos de la siguiente forma:

·         Problema 1: Un chico francés plantea el problema que tiene con su novia, de origen rumano, que conoció durante la estancia de ésta en Francia para estudiar. Llevan siete meses juntos  y durante ese tiempo el chico ya  sentía que su novia no sabía si quería vivir en Francia, si quería seguir con él… Pero en los dos últimos meses había cambiado y las cosas habían empezado a ir mejor. En ese momento, ella le anunció que estaba muy deprimida, que echaba de menos su país, que estaba harta de hacerle daño…

El chico se pregunta qué puede hacer para demostrarle que puede sentirse bien en Francia, a su lado. Además, añade que él cree que ella no quiere volver a Rumanía, que se siente perdida, en Francia y en su país, que en ninguno de ellos hay lugar para ella.

Para leer el texto original (en francés) consultar el siguiente enlace:


·         Problema 2: Una chica colombiana, casada con un canadiense y viviendo juntos en el país de origen de éste último se queja de que los canadienses no saben divertirse.  Echa de menos su país y sobre todo sus fiestas y sus amigos. Añade que se arrepiente de haber aceptado vivir en ese país y que tendrá que buscarse un amante latino. 


Pasemos ahora a analizar cada uno de estos problemas:

En el caso del primer problema, nos encontramos con que la chica fue a estudiar a Francia por motivación intrínseca, ha pasado unos 7 meses viviendo en el país y probablemente (aunque no podemos saberlo) pasó por una primera fase de “luna de miel”. Al pasar el tiempo nos encontramos con la situación actual, en la que la chica lleva siete meses difíciles, pasando crisis en su vida diaria y su relación con este chico. Se siente perdida en ese nuevo ambiente, pero también cree que se sentirá del mismo modo en su país de origen.

Primeramente debo decir que creo que se trata de un shock cultural, ya que las diferencias culturales no son sólo con su pareja, es un problema de “no sentirse parte de esa sociedad”, es decir, un problema de diferencias culturales con la sociedad. Además, ella vive en ese lugar, ha pasado allí varios meses (7 concretamente). Para saber más sobre la distinción entre diferencias culturales y los problemas que éstas causan y el shock cultural, consultar el siguiente enlace:


El problema de esta chica es que se encuentra en lo que la teoría del shock cultural llamaría la segunda etapa, probablemente no habiéndola superado en ningún momento (es decir, no se trata de un retorno a la segunda etapa, sino de la primera vez que la sufre).

Por su parte, en el segundo problema, nos encontramos con una chica que parece ser que pasó por una primera fase de “luna de miel”, ya que nos dice que al principio la diversidad cultural le parecía algo “lindo”. Luego comenta que tiene muchos problemas de pareja debido a las diferencias culturales en cuanto a tiempo de ocio y trabajo. Según yo lo veo, esto es un problema de shock cultural y no sólo de diferencias culturales porque no es un problema sólo con su marido, sino que dice que la gente ahí todos tienen ese problema, ella vive ahí, ha pasado bastante tiempo, es emigrante… Todo parece indicar que esta chica tampoco ha superado la segunda etapa de la teoría del shock cultural.

El problema en ambos casos es que no son capaces de superar esta segunda fase por vez primera. ¿Qué sucede cuando una persona que ha emigrado se mantiene siempre en la segunda fase?
Pues podemos encontramos con lo que os comentaba en esta entrada:


¿A qué me refiero? Pues a que, como ahí comentaba, para poder obtener los beneficios culturales que nos ofrece la experiencia de emigrar, es necesario superar la segunda etapa y pasar por todo el resto de ellas (aunque después quizá se repitan).

Para  entender que un país tiene algo que ofrecernos (que al fin y al cabo es lo que el chico quiere hacer ver a la chica y lo que la chica colombiana necesita ver antes de decidir si quedarse allí o no) primero debemos superar esa segunda etapa y ya en la tercera podremos comenzar a enriquecernos de esta experiencia para, ya en la cuarta etapa, ver las cosas positivas y negativas que tiene que ofrecernos ese lugar (ver, para más información, la teoría del shock cultural en el primer enlace de esta entrada)  

Esta segunda etapa está muy caracterizada por el malestar provocado por este nuevo entorno, el problema está en que, en esta etapa, aun no disponemos de los conocimientos suficientes sobre la sociedad y la cultura (puesto que lo rechazamos o al menos no lo aceptamos) es por eso que, según yo lo veo, el problema estriba en superar la segunda etapa una primera vez, para así poder conocer el lugar en las etapas siguientes y al superar la última etapa, volviendo al país de origen, podemos decidir razonadamente cuál es el lugar donde queremos estar (que al fin y al cabo es uno de los problemas más recurrentes en esta segunda etapa).

De este modo la vuelta a la segunda etapa será, cuando menos, menos recurrente.

Como vemos, hay dos comparaciones vitales en este proceso: la primera se da en la cuarta etapa, cuando al conocer el nuevo entorno de una manera más profunda (tercera etapa) podemos compararlo con la sociedad con la que estamos acostumbrados y la segunda se da en la quinta etapa, cuando volvemos a comparar la cultura a la que estamos acostumbrados (que en este caso es la que rechazábamos en la segunda etapa) con la primera cultura y, a la vez, de ésta con el recuerdo que de ella teníamos. Es mediante estas comparaciones que podemos elegir con una mejor perspectiva qué es lo que queremos hacer.

Algo que cabe puntualizar, es que en la gran mayoría de los casos, en esta segunda etapa,  la gente piensa que conoce el lugar, que tiene un profundo conocimiento de éste, pero no es así al no haberse integrado, al rechazar esta sociedad, quizá en parte por falta de inmersión o por ese mismo malestar que se retroalimenta a sí mismo impidiendo profundizar  en la cultura. Es por eso que, incluso en la propia teoría del shock cultural, una de las características de la tercera etapa es una profundización en el conocimiento de esta cultura provocada por la aceptación del entorno y la intención de pertenecer a este. Después (en la cuarta etapa) es cuando comienza la primera comparación (al menos la primera comparación medianamente razonable) entre la cultura a la que estamos acostumbrados y la “nueva” cultura.

Esta creencia de “profundo conocimiento”   que suele aparecer en la segunda etapa puede suponer un problema, si tomamos una decisión comparando lo que “conocemos” de esta cultura  (que creemos que es mucho) con lo que sabemos de la cultura a la que estamos acostumbrados. Esto no es verdaderamente tomar una decisión sobre qué es mejor para nosotros, ya que no podemos tomar una decisión racional hasta, al menos, la cuarta etapa (aunque la verdadera “comparación razonable” probablemente se dé en la quinta etapa)

A partir de esto, el problema es, como se suele decir “la pescadilla que se muerde la cola” ya que creemos que tenemos un conocimiento profundo y que a partir de ahí podemos tomar una decisión. Recordemos que no nos damos cuenta de la poca profundidad del conocimiento, y que, como es obvio, esta sensación de malestar, lo que suele provocar (cosa ya comentaba y que se puede ver en la entrada en que hablo de unos profesores franceses en España y los emigrados españoles en Francia que antes comentaba) es que, al hacer comparaciones, salga victoriosa la sociedad a la que estamos acostumbrados. Es ahí cuando entra en juego la melancolía, la sensación de pérdida de la identidad… Y, como es lógico, la falta de conocimiento y estas emociones negativas se retroalimentan para generar conflicto y aumentar el malestar.

El problema aquí es que no hay una receta para superar la segunda etapa, por lo que he decidido preguntar a la misma persona que me concedió la entrevista para este artículo sobre los profesores y los emigrados sobre cómo ella (que recordemos emigró a España hace unos 30 años)  superó esta segunda etapa, permitiéndole conocer más profundamente la sociedad, si hubo una primera etapa caracterizada por la “luna de miel”, cómo cree que se ajusta su caso a ésta teoría…etc.:

Así, le expliqué la teoría del shock cultural y le pregunté, en primer lugar, cómo había superado esta segunda etapa:

“Si, pasé por una “luna de miel”. Pero después me pasó como tú dices, entré en la segunda etapa. Creo que gracias al nacimiento de mi hijo he conseguido superar esa segunda etapa, el seguir la vida de mi hijo a diario ha hecho que me encuentre en la tercera etapa casi sin darme cuenta. Estaba en mi burbuja con mi hijo (una burbuja de abstracción ante lo que sentía en la segunda etapa, no una burbuja social), aunque en el fondo no sé si era más bien la felicidad de ser madre, ya que me ha durado el tiempo que han tardado mis hijos en crecer. Quizá no haya conseguido en realidad superar esta segunda etapa… Aun así, mis hijos han causado que durante todos estos años me haya relacionado con personas de aquí, y conozco bastante bien la cultura, creo que la entiendo. Ha sido muy interesante y me alegro mucho de haber conocido a todas estas personas, no veo las cosas de la misma forma que si me hubiera quedado en mi país, pero siento que este no es mi lugar.”

Entonces le pregunto por qué cree que quizá no sea su lugar:

“Quizá en su día dejé las cosas pasar… Sin darme cuenta de si quería vivir ahí… Al principio un bebé son las 24h, estaba al cien por cien con él, estaba en mi burbuja ya que mi bebé me necesitaba, los días pasaron, los años… Y ya con los cuatro años se incorpora al colegio pero nace el segundo, de nuevo tenía que estar con él las 24 h pero aun con más trabajo porque también está el colegio del mayor… Y los años siguen pasando... Me entrego a ellos y no me planteo si estoy feliz, si me gusta o no el lugar, si quiero o no estar ahí… Es cuando la segunda es un poco mayor (unos 10 años) que no me necesita día y noche que he empezado a recapacitar y ver mi soledad (aun con amigas del colegio y otras actividades…)”

Cuando le pregunto si cree que hay alguna “receta” para superar esta segunda fase, me comenta que:

“Hay que atreverse, es importante, si quieres volver a tu país y no te gusta ese lugar, prueba, vuelve a tu país, y valora si verdaderamente estás mejor ahí, quédate ahí, pero si echas de menos el otro país, sabrás que ese es tu lugar”

Pero le comento que el problema en este caso es que, si en ese momento, en la segunda etapa, que se caracteriza por el rechazo a la sociedad de acogida y la falta de verdadero conocimiento sobre ésta, es muy probable que, al volver a la sociedad a la que se está acostumbrado, al acabar este malestar y al no echar nada de menos de la sociedad que se rechaza ya que no se ha aceptado ni conocido lo suficiente para que esto suceda, estamos en gran parte sesgados y lo más probable es que no hagamos un juicio justo.

Hablando sobre este tema me comenta que en muchos casos la gente (y también fue su caso, ya que ella fue profesora durante algún tiempo de francés y vivía rodeada de franceses sin entrar demasiado en contacto con el país pero creía que lo conocía) cree que conoce un país pero no lo conoce. Esto coincide con mi teoría de que el conocimiento previo a la tercera etapa tiende a ser bastante superficial.

Analizando más en profundidad su caso, le comenté que probablemente ella, al haber superado la segunda etapa y conocer el entorno y creerse parte de él haya superado la tercera y probablemente haya establecido comparaciones entre ambas culturas continuamente (a lo que me responde que sí, que es algo muy normal para ella), por lo que también habría llegado a la cuarta etapa. Por último, dado que sé que vuelve cada cierto tiempo a Francia, le pregunto si, al volver allí, vuelve a establecer las mismas comparaciones. Me responde que sí,  y que cuando está allí le queda muy claro que su lugar no es España, que es Francia (por lo que confirma mi teoría, al llegar a la quinta etapa es cuando tenemos mayor capacidad de decisión y cuando debemos hacerlo) su problema es que no puede irse por problemas familiares.

Cuando entiendo que ha superado todas las etapas, le pregunto si cree posible que, al no haber podido tomar su propia decisión, haya vuelto a una “segunda segunda etapa” con características similares a las que le había explicado en la teoría. Me responde que sí, que ese es su problema, que la solución sería tomar su propia decisión, como antes me comentaba.  Y que al no poder hacerlo, se siente en la segunda etapa de nuevo.

De este modo vimos que su problema no era estar atascada en la segunda etapa (ya que ya la había superado una primera vez) y había pasado por toda la teoría para que esta segunda etapa volviese, sino que la imposibilidad de elegir lo que cree más conveniente le hace mantenerse en esta segunda etapa.

Este testimonio (como resulta obvio) me ha resultado extremadamente fructífero. Veamos qué conclusiones podemos extraer de él:

·         El caso se ajusta muy bien tanto a la teoría del shock cultural original, como a las modificaciones que comentaba anteriormente, lo cual, creo, es tremendamente significativo.
·         El hecho de tener hijos llevó a socializar y a una “necesidad” de conocer el entorno y abrirse y aceptar en cierto modo la sociedad y esto, a su vez, la hizo superar la segunda etapa, por lo que probablemente socializar y dar una oportunidad, es decir, esforzarse en conocer el entorno, nos lleven a esta superación.
·         Esa duda que se ve reflejada en la transcripción cuando comenta “…aunque en el fondo no sé si era más bien la felicidad de ser madre, ya que me ha durado el tiempo que han tardado mis hijos en crecer. Quizá no haya conseguido en realidad superar esta segunda etapa…”. Esto demuestra que probablemente haya vuelto a la segunda etapa tras pasar por las demás. Como ya hemos explicado antes, parece bastante lógico que ha pasado por el resto de etapas y tras pasar la quinta vuelve a la segunda. 
·         En este caso vemos cómo un problema de pareja repercute en el shock cultural, lo cual es muy interesante, ya que los casos que hemos tratado anteriormente son justo lo contrario. ¿Dónde se ve? En que es en parte por la relación (también por los hijos) que ella no puede tomar esa decisión.
·         Algo muy curioso y que me confirma en mi idea del “retorno de las etapas” es que, cada vez que vuelve a Francia sufre una “quinta etapa”, sabe que es su lugar, que ahí se encuentra a gusto y que la decisión correcta sería quedarse ahí, pero vuelve a España por su familia, volviendo a la segunda etapa. Esto no es un caso puntual, sucede cada vez que vuelve a Francia.
·         También me resulta curioso que ella misma nos recomiende, si estamos en la segunda etapa, que establezcamos comparaciones y veamos dónde queremos vivir. ¿Qué quiere decir esto? Que nuestras respectivas teorías coinciden, ella cree que uno de los principales problemas en esta etapa es que no tenemos claro si queremos pertenecer a ese ambiente, para lo cual es necesario comparar, cosa que sucede en una etapa posterior por lo que la solución no debe tomarse en la segunda etapa, sino que debemos pasar por el resto de etapas para tomar una buena decisión.
·         Aquí llegamos al punto donde comenzó mi disertación. Recordemos que esta mujer había obtenido en España una herramienta que le hacía bien emocionalmente, la “teatralización en la expresión de emociones”. Se trata de una herramienta que aprendió de la gente de su “nuevo” entorno. ¿Cómo fue capaz de aprenderla e integrarla? Porque socializó, porque obtuvo un conocimiento más profundo sobre la sociedad y la cultura de modo que pudo descubrir sus aspectos positivos y negativos y decidió integrar uno de éstos aspectos positivos a su repertorio conductual.  Esto supone un tremendo apoyo a mi supuesto: pasar por todas las fases de la teoría, obtener ese conocimiento más profundo sobre la sociedad nos permite conocer y elegir qué aspectos de esta sociedad queremos integrar, tema que ya había tratado de resolver anteriormente ( ver:  http://psicologia-lenguaje.blogspot.com.es/2014/12/la-mente-como-una-puerta-conocer-una.html)
·         Además, durante la conversación me di cuenta que ella era consciente de hasta qué punto conocía la sociedad en cada etapa, por lo que le pregunté si quizá una explicación de las etapas y un autoanálisis sobre en cuál de ellas estaba podían haberle ayudado. Me contestó que era probable, pero que no podía saberlo. Por si acaso, hablamos de las distintas etapas y de en qué nos centramos en cada una y cómo era el conocimiento y resultó que estábamos bastante de acuerdo. El esquema era el siguiente:

En la primera etapa prestamos atención solo a los aspectos positivos, obviando los negativos, quizá en cierto modo a propósito o restándole importancia. Después llega un momento en que nos damos cuenta, de todo aquello a lo que no hemos prestado atención, y se vuelve un aspecto central del problema. En ese momento aparece la segunda etapa. En todo este proceso, hemos recabado información, pero no consideramos que “pertenecemos” a ese ambiente, de modo que no profundizamos de la misma forma que haremos en la siguiente etapa. Ya en la tercera etapa, tal como comentaba, comenzamos a obtener un conocimiento más profundo sobre la sociedad, la cual hemos aceptado. De este modo, una vez el centro de atención dejan de ser esos aspectos negativos y aceptamos la sociedad, profundizamos en ella y así obtenemos un conocimiento más profundo. En esta etapa comienza una evaluación de las viejas formas contra las nuevas. Esta comparación se hace en la cuarta etapa. También se produce una integración con la nueva cultura, acompañada por un fuerte sentimiento de pertenencia a ese ambiente. Por último, la quinta etapa, al volver a la cultura de origen, se caracteriza por realizar una nueva comparación, tanto respecto a lo que conocíamos (que no es como lo recordábamos) como con respecto a la cultura a la que nos hemos acostumbrado.

A partir de este último punto, la lógica plantea una pregunta:

¿Cómo sé en qué fase me encuentro?

Este no es un gran problema. Si una persona necesita ayuda por enfrentarse a un shock cultural, probablemente se encuentre en la segunda etapa por vez primera o haya vuelto a ella. ¿Por qué lo creo así? Porque ésta es la única etapa, por sus características, susceptible de entrar en un bucle del estilo del que comentábamos antes (retroalimentación entre la falta de conocimiento profundo y el malestar y el vacío que caracterizan esta etapa).

En el caso de que sea la primera vez que nos encontramos en la segunda fase, posibles consejos para superarla los veremos más adelante en esta misma entrada. En el caso de haber llegado a la cuarta etapa y haber vuelto después a la segunda, probablemente sea necesario pasar por la quinta etapa (volviendo al país de origen) para establecer la comparación a la inversa y poder decidir cuál es nuestro lugar. En el caso de haber vuelto a la segunda etapa tras llegar a la quinta deberíamos plantearnos (con la información que ya tenemos) cuál es nuestro lugar, para así tomar una decisión.
En cualquiera de los casos, como ya he comentado, aun si volvemos a la “antigua” sociedad, habrá resultado una experiencia mucho más enriquecedora y podremos integrar lo más beneficioso de la “nueva” sociedad a nuestra vida.

Ahora veamos: ¿Cómo solucionar el problema, la primera vez que pasamos por la segunda etapa de esta teoría, de (aun teniendo un conocimiento superficial) creer que conocemos bien la sociedad?

Si me encontrase en el caso de tener que ayudar a una persona a superar esta segunda etapa, le explicaría las fases de la teoría, haciéndole ver en qué etapa se encuentra. Después, le explicaría que, aunque su conocimiento actual no es nada despreciable, al encontrarse en la segunda fase probablemente se centre mucho más en los aspectos negativos de esa sociedad. Pero que por ello no debe preocuparse, cuando supere esa etapa los aspectos negativos ya no serán en tal medida el centro del problema. Así, le explicaría en qué solemos centrar la atención en cada etapa y cómo es nuestro conocimiento, recalcando que, en su etapa actual, es normal que se centre en los aspectos negativos y que experimente esas emociones negativas, pero que ni esos aspectos negativos son tan importantes, ni probablemente esa persona les prestará tanta atención en etapas posteriores.

Una vez conozca su estado y cómo sería recomendable evolucionar, le hablaría del concepto coloquial “apertura de mente”. No me refiero, por supuesto, a que no sea una persona abierta de mente, sino a que, en esta etapa, lo normal es centrarse en los problemas, y que esa apertura mental, de la que seguro que dispone, es el instrumento necesario para superar la etapa. Pero, ¿en qué consiste esta apertura mental? Veámoslo:

·         Primero, debemos plantearnos si ese conocimiento que tenemos sobre la sociedad es verdaderamente profundo.  Pongámoslo a prueba. ¿De verdad sabemos todo sobre esa cultura? ¿No tiene nada que aportarnos?
·         Para aprender más sobre la sociedad, valga la redundancia, es importante socializar (con personas del nuevo entorno). Un ejemplo podría ser tratar con las personas del trabajo, no solo hablar de trabajo, sino salir con ellos, hablar de su cultura, ir al cine, disfrutar, salir, tratar de ver su sociedad como ellos lo hacen.
·         Puede ser interesante ver las similitudes entre ellos y yo así como las diferencias, y ver qué nos atrae de esas diferencias.
·         Para tratar de paliar todo ese espectro de emociones negativas que vienen unidas a esta segunda etapa, podemos buscar apoyo de diversas maneras: en la pareja, en los amigos que hagamos a través de esta socialización, hablando con personas que estén pasando por lo mismo… Además, podemos hacer cosas que nos apasionen: el trabajo, un hobby… etc. Todo esto puede ayudarnos a dejar de focalizar la atención en los aspectos negativos y relativizarlos, algo muy necesario para superar esta fase.
·         Por último, y como ya comentaba en una entrada anterior, deja los prejuicios a un lado e intenta comprender sinceramente esa sociedad.
·         También sería interesante estar muy atento (e informarnos) sobre las diferencias culturales, no sólo para socializar de una forma más precavida y mejor, sino para hacernos conscientes de esas diferencias, esforzándonos en valorarlas y tratando de aceptarlas.

Es importante dar cuenta de que lo que aquí expongo no implica que haya que ver a un psicólogo ni mucho menos. Digo que puede venir bien saber todo esto, si nadie nos lo dice, informarnos nosotros mismos sobre ello. 

Hasta aquí mi teoría. Obviamente no he podido aplicarla salvo a posteriori, ya que no conozco a nadie que esté pasando por la segunda etapa por primera vez, pero sí que coincido con la persona que me ha concedido la entrevista con respecto a cómo funciona, aunque es una prueba “a posteriori”, es algo que me hace confiar en mucha mayor medida en este marco teórico. Del mismo modo, ninguno de los ejemplos que he tratado hasta el momento la contradice. Está claro que es susceptible de futuras modificaciones y seguramente así sea. Por mi parte, cuando trate los siguientes ejemplos continuaré poniéndolas a prueba.

Respecto a los problemas 1 y 2, esto es lo que creo que deberían aplicarse estas dos chicas. Si consiguen superar por primera vez (sea como sea) esta segunda etapa, acabarán con el bucle y podrán continuar con las etapas hasta llegar a la quinta etapa, el ansiado momento en que tendrán el conocimiento suficiente para decidir dónde quieren estar y para incluir en su vida, en cualquier caso, los aspectos positivos, las herramientas más útiles de cada lugar.

En otro orden de cosas, para contrastar mis agregados a la teoría veremos en una próxima entrada si existen shocks culturales en viajeros o sólo en emigrantes y, en cualquier caso, si contradicen en algún aspecto o añaden nuevas modificaciones a esta teoría. Quizá no sea aplicable. En cualquier caso los analizaré a partir de todo el entramado teórico que he desarrollado hasta el momento.

Gracias a la entrevista he visto que sí que es posible volver a etapas anteriores durante el shock cultural, pero el ejemplo de “no tener una luna de miel” aun no lo he podido encontrar, trataré, no obstante, de encontrar alguno y tratar de aplicar la teoría o desarrollar un nuevo marco teórico para estos casos. Ante esta posibilidad se plantean varias preguntas:

¿Cómo sería la segunda etapa si no hay una primera etapa de “luna de miel”?

Si no se trata de una “luna de miel”, ¿en qué consiste esta primera etapa?

¿Se mantendrán las mismas etapas después de superar las dos primeras o será completamente diferente?

Trataré de contestar a estas preguntas y algunas más en las próximas entradas.


Si tenéis algo que añadir, no dudéis en escribirlo en los comentarios. 

lunes, 15 de diciembre de 2014

Diseccionando ejemplos I

En esta entrada trataré de profundizar en mayor medida los ejemplos que ya os comentaba hace unos días.

El primer ejemplo en que me quiero profundizar es, quizá, uno de los más propensos a causar polémica. Puede leerse en la siguiente dirección:


Resumiendo en la medida de lo posible:

 La chica está muy preocupada porque se ha enterado que, mientras ella estaba en EEUU arreglando los papeles para mudarse a Brasil y casarse allí con su novio (nativo de ese país), éste ha ido un par de veces a que le hagan un masaje erótico que acababa con un “final feliz” como se suele denominar en España, o, lo que es lo mismo, sexo oral.

Para esta chica, esto  es ponerle los cuernos (cheating). No obstante, el chico alega que eso no es así, que en su cultura practicar sexo oral con prostitutas no se considera así porque, según él, “las prostitutas no son mujeres” y además, alega, “es culpa de la chica, por estar fuera tanto tiempo”.

Por último, le dice que está siendo demasiado “mojigata” y que su definición de “poner los cuernos” no cuenta, porque es una definición americana y él no está en América.

Antes de nada, obviemos las marcadas connotaciones machistas del ejemplo, que no quiero ni creo que se puedan justificar, y que no son objetivo de estudio en este caso. Ahora veamos cuál sería entonces el problema:

Según yo lo veo, estas son las posibles respuestas a la pregunta  ¿cuál es el problema de esta pareja?:
  1.  Hay verdaderamente una diferencia cultural entre EEUU y Brasil en este aspecto y el chico ha hecho algo que considera normal en su cultura y que no creía que supondría un problema para la chica. Por ello, es un problema de machismo social (cultural)
  2. No hay una diferencia cultural entre EEUU y Brasil en este aspecto y el chico ha hecho algo que considera amoral y ha utilizado las diferencias culturales como una escusa. De este modo, es un problema de machismo individual.

Este ejemplo no debería haberse incluido en la entrada anterior, pero me pareció necesaria para diferenciar dos términos que son propensos a llevar a error al lector. ¿Porqué no debía haberse incluido? Porque no se trata de un ejemplo de shock cultural. Por ello no se puede aplicar aquí la teoría del shock cultural de la que hablaba en mi anterior entrada:


¿Porque no se trata verdaderamente de un ejemplo de shock cultural? ¿De qué se trata entonces?
Pues se trata más bien de un caso de diferencias entre culturas. Respondiendo a la primera pregunta, aunque hasta este momento no había explicado esta diferencia, paso a hacerlo a continuación basándome en la teoría de la que os hablo:

·                   Un shock cultural es el término que describe la ansiedad producida cuando una persona se    encuentra en un entorno completamente diferente al que está acostumbrado. Está asociado a la sensación de encontrarse perdido en este medio y no saber qué es o no es apropiado. Cabe aquí hacer una puntualización. He cambiado el término “de origen” por “al que está acostumbrado”, señalándolo en negrita debido a que este efecto también se da a la inversa, por ejemplo, cuando nos hemos acostumbrado a vivir en un país. Ni siquiera hace falta que pase mucho tiempo. Aquí vemos una breve definición destinada a los Erasmus:

http://es.erasm.us/guia-erasmus/consejo/180-Choque_cultural_inverso

·                       Llamamos diferencia cultural a cualquier manifestación comportamental, valor, creencia o pensamiento que difiere entre dos culturas. Como vemos, es un constructo simple, pero que es necesario tener bien claro para poder entender lo que sigue.

De este modo, si bien un shock cultural implica necesariamente a las diferencias culturales, no siempre una diferencia cultural va a suponer un shock cultural.

Veámoslo de otra forma:

Un shock cultural aparece cuando una persona se encuentra en una sociedad diferente a la de origen. Es decir, se trata de un fenómeno que implica a la sociedad por naturaleza. Son las diferencias culturales que hay entre una persona y la sociedad de un lugar que no es al que está acostumbrado.

Por su parte, las diferencias culturales se pueden dar en multitud de ocasiones, es un concepto menos preciso que el de shock cultural en el sentido de que no hay una norma sobre entre qué sujetos deben darse, pueden ser entre dos o entre todo un grupo. En cualquier caso serían diferencias culturales.

De este modo, el shock cultural conlleva necesariamente una problemática, mientras que las diferencias culturales no tienen porqué.

Así, retomemos la temática anterior, ¿por qué en este caso no se trata de un shock cultural sino de una diferencia cultural?

No sabemos si la chica está sufriendo un shock cultural, puede que, al haberse mudado a Brasil, también sufra un shock cultural, pero en este caso el problema que nos plantea no es un problema por encontrarse en un entorno completamente diferente, se trata de un problema con una persona en concreto, por lo que se trata de diferencias culturales.

Ahora que hemos visto que esta teoría no puede aplicarse, se me ocurre una teoría que ejemplifica este caso, aunque tomando algunas libertades. La teoría dialéctica de Tomkins y McCarter (1964) se refiere sólo a las diferencias en la expresión (e interpretación) de emociones. No obstante, plantea una metáfora que viene muy al hilo de esta temática.

Imaginemos por un momento que la opción correcta es la opción 1, es decir, que hay una diferencia entre la cultura de la chica y la del chico (aunque no sea así, tratemos este ejemplo como una hipótesis, creyendo que se trata de diferencias culturales y no de machismo individual).

Como podemos ver en la siguiente imagen, esos dos programas culturales tienen un núcleo en común. Este núcleo es resultado de la relación evolutiva de ambas sociedades, parte en forma de historia en común como sociedades por las mutuas relaciones entre ellas y con sus pasados colonizadores, y parte como la cultura del ser humano en general que compartimos todas las sociedades humanas.

Pues bien, este núcleo común no supone un problema, el problema (en la opción 1) está en las partes en azul oscuro y en verde en la siguiente imagen:



Esas partes que pertenecen sólo a uno de los programas culturales son las llamadas diferencias culturales.

Pero esta teoría solo clarifica la situación y me sirve para plasmar de forma más nítida una teoría anterior, no ofrece una posible solución a este problema.

Entonces ¿cómo podríamos afrontar un problema de este tipo de modo que podamos solucionarlo?

Pues bien, planteemos una hipótesis (y he aquí un aspecto que debo dejar muy claro): Las diferencias culturales (sobre todo en relaciones de pareja) pueden tratarse en gran parte como diferencias de pareja.

Primero apuntemos las diferencias a tener en cuenta entre estos dos términos:

·         Mientras una diferencia cultural no tiene porqué darse siempre en relaciones de pareja (aunque pueden darse), en las relaciones de pareja esto es, obviamente, una premisa.
·         Una diferencia cultural tiene un origen social mientras una diferencia de pareja no tiene porqué tener ese origen, pudiendo éste también ser individual.
·         En el caso de las diferencias culturales, la cultura de cada parte es previa a la relación, mientras en el caso de las diferencias de pareja puede que la diferencia se haya dado a través de aprendizaje por la relación o incluso por la comunicación en la relación.

Estas son, según creo, las diferencias más importantes que cabe recalcar y no debemos perder de vista antes de comenzar a tratar las diferencias culturales como diferencias de pareja.

Quizá aquí sea conveniente el haber usado el término “relaciones de pareja” en lugar de otro, porque creo que no tiene porqué darse solo entre personas con una relación amorosa, también puede darse entre personas en particular aunque no tengan este tipo de relación. En el caso de que exceda un determinado número ya serían diferencias entre grupos y se parecerían más a las diferencias culturales.

Ahora, tras aceptar esta hipótesis, veamos qué solución aportaría en términos lógicos:

Si las diferencias culturales se parecen a las diferencias de pareja, podemos aplicar las mismas soluciones a los problemas que éstas causan. Entonces, retomando lo que escribía en mi anterior entrada:

“En las relaciones de pareja ya establecidas, en las que las personas saben que quieren convivir juntas, lo normal es… tratar de ceder uno en unos aspectos y otros en otras…. Aunque no siempre se logre una buena convivencia, el primer paso empieza por tratar de crear, según creo, una "tercera cultura" que integre, como ya decía en otras entradas, lo mejor de cada cultura. Para esto, como vemos en esos mismos ejemplos, hay que probar o informarse sobre la realidad y escoger lo que se crea más conveniente…Por otra parte, también puede que cada uno continúe con sus costumbres y sólo cambien en las cosas comunes. O bien no cambiar en nada, aunque esto no es lo más recomendable”

Para recordar que este caso es solo un ejemplo para atraer la atención, hay que decir que este chico parece necesitar, más que terapia de pareja, una reestructuración cognitiva para luchar contra el machismo. Aun así,  y dado que esto solo es un ejemplo, sigamos resolviéndolo como si esto se estuviera aplicando al mismo tiempo que se aplica un tratamiento de reestructuración cognitiva.

En este caso, si seguimos aceptando que la correcta es la opción 1, hay un problema de diferencias culturales y lo tratamos como un problema de diferencias de pareja. De este modo, y en la línea con lo que muchas de las foreras comentaban en el enlace que os he dejado al comienzo de la entrada, lo más recomendable es hablar con el chico, poner de manifiesto las diferencias de pareja y tratar de llegar a una solución, sea explicando la chica las diferencias y lo que no puede aceptar en la relación y llegando a acuerdos, o sea acabando con ésta.

Por su parte, si hipotetizamos que la opción correcta es la opción 2, el problema es muy diferente, el chico está utilizando las diferencias culturales como pretexto para justificar una acción que sabe que es inmoral, por lo que no sería tanto un problema de diferencias culturales y se trataría más bien de un problema de pareja y del propio chico. No profundizaré más en esta opción ya que se escapa al contenido que quiero tratar, pero es algo que debemos tener muy en cuenta, si estas diferencias existen realmente, o son a veces meras escusas. 

Cabe recordar que aquí no pretendemos dilucidar si, en este ejemplo, la opción correcta es la 1 o la 2, sino entender qué pasaría en cada caso, qué relación tiene con las diferencias culturales y cómo estas afectan en el problema.

Recordemos, para finalizar el artículo, que probablemente no se trate de una diferencia cultural, sino de un problema de machismo individual, no creo que todos los hombres brasileños sean machistas ni que ese comportamiento en concreto esté aceptado socialmente en Brasil (ni mucho menos que sea justificable) pero, aun sabiendo esto, hemos hipotetizado y lo hemos tratado como si verdaderamente el chico llevase razón y fuese una diferencia cultural, y en su cultura estuviera verdaderamente aceptado, aunque  soy consciente de que no sea así.

No entro a valorar este hecho, he elegido el problema sólo para ejemplificar la distinción entre diferencias culturales (que es en lo que he tratado de transformar este ejemplo, aceptando como verdadera la premisa que plantea el chico) y el shock cultural (que veremos más adelante).

De esta forma, hemos visto que el shock cultural en las relaciones de pareja aparece en forma de diferencias culturales en las que el sujeto que lo sufre es el único en el grupo en diferir, mientras que las diferencias culturales no tienen porqué darse con un grupo, sino que pueden ser sólo entre dos personas.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Si el género es una construcción social, ahora toca deconstruir.



Lo personal es político



Después del tímido acercamiento en mis dos entradas anteriores al género performativo y con ello a las  teorías queer, teorías puta, teorías bollo o como queráis llamarlas, pero que suene fuerte y que haga mucho ruido, es hora de pasar de la idea a la carne.  Tal vez sea necesaria también un arma menos académica y más cotidiana que hable un lenguaje más próximo, con signos, expresiones y experiencias reconocibles. Porque muchas veces bajar la fría teoría a la piel sensible es un camino más pedregoso y difícil que pertrecharnos de retórica y motivos (que también pienso es ineludible si queremos situarnos).
Primero que nada, aclarar como bien hace Coco Riot, que la acción puede tomar muchas formas, y cada una de nosotrxs necesita ver la que le conviene mejor según su personalidad, sus capacidades y su comunidad. Si queremos dejar atrás las imposiciones de género-sexo, guardémonos también de crear nuevas prospecciones rígidas de cómo hay-que y cómo no-hay-que.

Pero pasemos antes por ejemplos más concretos de cómo esta creación que es el género se va dando y gestando:

Las mujeres, las asignadas mujeres en el nacimiento, las leídas como mujeres, o como os salga de la vagina llamarlo, estamos desde pequeñas sometidas a un sinfín de indicaciones y normas sociales sobre qué es ser mujer y qué conductas y actitudes vienen asociadas a ello. Ésto en la infancia funciona de una manera mucho más visible, para algunxs, que luego en edades más avanzadas. Hay juguetes para niños y para niñas, los primeros suelen ser del área de cuidados, limpieza o belleza, hay series infantiles para niñas con protagonistas hiperfemeninas y series para niños. Hay siempre alguien que te señala que no debes hacer pis de pie, que no debes cortarte el pelo, que los camiones son para niños, que las niñas se casan con príncipes y no con princesas, que hay que estar guapa, que el amor romántico nos va salvar y todos a comer perdices. La belleza es el requisito sine qua non para  valorar a una mujer, las figuras sabias y respetadas siempre son masculinas y más allá de lo que se dice hablando es lo que se ve callando, la forma de actuar de padres, de compañeros, los roles repetidos hasta la nausea en películas y libros, las miradas de desaprobación.
 Todo esto de arriba y la interminable lista que falta y viene algo después (los piropos que comienzan incluso antes de la adolescencia, las agresiones sexuales, el "estate callada", que la voz de alguien con pene se escuche más que la tuya, cobrar menos por el mismo trabajo y puedo seguir, pero me estoy cabreando) no  funcionan como "indicaciones" suaves y amables o como normativas flexibles, una vez que los roles se establecen como normas sociales implícitas sus mecanismos de acción se mueven, entre otros, mediante la exclusión y la adopción del discurso como propio, como parte del "yo". 
Después de años bajo el mismo discurso repetitivo éste se interioriza y se convierte en uno mismo, el vigilante eternamente vigilado, acabas andando, riendo, vistiendo, sonriendo, follando y procreando como "la mujer que eres", voilá “y el verbo se hizo carne”. 
El otro potente mecanismo es la exclusión.  Empieza en la familia y en el colegio, se margina a aquel que no sigue el rol de género que le ha tocado, a la marimacho, al niño afeminado,  los padres se sienten decepcionados y miran como padres decepcionados o como padres amenazantes, todo muy sutil a veces, pero muy. Y esto sigue en el instituto, en la pareja, en la universidad, en la vida. La exclusión funciona muy bien, porque duele y muchas veces no solo viene de fuera. Muchas veces ni siquiera es visible.

¿Y ahora qué? ¿Cuáles son los contra-mecanismos para combatir?¿Cómo salir de estas identidades rígidas y fértiles padres de malestar? 


Empecemos por nuestro comienzo: el lenguaje, utilicemos uno más inclusivo, desechemos el masculino plural invisibilizante como universal, dejemos de decir “el hombre” cuando nos refiramos a la humanidad. Utiliza vosotras, nosotras, nosotres, elles, ellxs, diversifica tu lenguaje. Dejemos de transmitir mediante la palabra ficciones sociales, ni “las mujeres son”, ni “deberían”, ni “suelen” ni diferencia alguna  que haga referencia a una verdad pre-existente.
Cambia tu manera de percibirte, inténtalo al menos, si la verdad se crea, el repetirnos constantemente que somos mujeres, que somos hombres,  que somos heterosexuales, que somos x, va a acabar por moldear y crear  nuestro deseo, nuestra forma de pensar, de hablar, de vestir, etc. Déjate hacer sin categorizarte genéricamente, córtate el pelo, déjatelo largo, déjate crecer el vello, depílate, usa vestidos, no los uses, ponte un pene de plástico, quítatelo, mastúrbate, haz una orgía,  y sobre todo viceversa. En definitiva haz sin que el supuesto género al que perteneces te marque los espacios y las posibilidades de ser. No te autocategorices constantemente. Como dice de Miriam Yung   “Hoy diré “yo” 276 veces, sin saber exactamente a quién me refiero”. Pero desconfía también de tus voluntades cisgénero.


Para ilustrar mi discurso, ampliarlo y especificarlo os voy a dejar diferentes enlaces de áreas menos académicas, pero no menos interesantes:



Aquí un artículo de Píkara magazine que ilustra con ejemplos sacados de diferentes revistas para mujeres y adolescente  la creación de estereotipos de género: http://www.pikaramagazine.com/2014/11/de-franco-a-superpop-ensenando-a-ser-mujer-por-los-siglos-de-los-siglos/

En dichas revistas se pueden leer cosas como: “Sé comprensiva con todo el mundo y, sobre todo con ÉL -’él’ viene escrito en mayúsculas-. No juzgues, no critiques, no rechaces a cuantos no actúan como tú. Serás más bella”. Desde algunas tribunas se sugiere que hacerse la inútil es una eficaz técnica de conquista. “En lugar de tratarlo como a tu mayordomo particular utiliza la táctica ‘patosilla’: ¡Ay Javi, soy una inútil, me he dejado el monedero en casa! (…) Javi eres un genio, si pudiera estudiar con tus apuntes de mates seguro que aprobaría”, dice la Superpop nº 465. O “Ellos te quieren ver fantástica, magnífica, estupenda, brillante, seductora, encantadora, simpática, y genial. ¿Imposible? ¡Qué va! Te contamos todos los trucos para que los chicos se te coman con los ojos”

También os dejo un testimonio de la misma revista de una chico que cambió de género, donde dice cosas tan reveladoras como:
“El primer cambio fue cuando pasé de ser un objeto del deseo masculino a un igual. De repente me di cuenta de que llevaba toda la vida con una mochila cargada a mis espaldas llena de miedo. Un miedo que de forma más o menos consciente hemos sentido todas aquellas personas socializadas como mujeres, y aquellas que son reconocidas como tales. Un miedo sistémico que damos por hecho. Tan sistémico que yo (hasta siendo feminista) no fui capaz de reconocer en mí hasta que no me vi libre de él. Hasta el día en que se me acercó un tío por la calle para hablar y para él no existía posibilidad de relación sexual.  El acercamiento fue de igual a igual."

Y por último un vídeo divertidísimo de Ellen Degeners, porque el humor es una de las armas para cambiar conceptos y visibilizar a la vez que se ridiculizan los estereotipos:




viernes, 28 de noviembre de 2014

Lenguaje performativo y género a través de Judith Butler (II)

"No me pregunten quién soy ni me pidan que permanezca invariable"
Michel Foucault



Introducido ya el vector butleriano que nos guía por esta senda constructivista, el género no sería entonces algo que somos sino algo que hacemos. Toca hablar entonces de los performativos identitarios como ficciones naturalizadoras, que a través de su propia repetición producen la ilusión de una sustancia subyacente en relación causal con sus supuestas manifestaciones. Los performativos de género son, por tanto, vehículos de transmisión cultural portadores de valores normativos, por ser precisamente mediante y a través de ellos cómo la regulación del género social tiene lugar.

Uno de los caminos de subversión que señala Butler es el propio hecho de desenmascarar el carácter representacional de todo estilo de género y el modo de producción de estas ficciones esencialistas, como bien hace ella. Butler propone la necesidad de promover la acción política en el interior mismo de estas prácticas lingüísticas que producen el género, revelando sus estrategias performativas y empleándolas en sentidos nuevos (véase el propio nombre de "Teoría Queer" como reapropiación de términos), persiguiendo la superación de los binarios a través de la producción de una multiplicidad de configuraciones de género que desestabilicen los modelos de inteligibilidad cultural, revelando su funcionamiento fantasmático y su imposibilidad de contener sus propios ideales.
 En vez de tomar esta consideración constitutiva del sujeto como impedimento para la acción y la transformación, Butler afirma que es este mismo carácter constituido la condición misma que posibilita su capacidad de lucha. Para Butler el sujeto mismo debe ser entendido como un espacio de resignificación, donde las estructuras de poder se citan a sí mismas sin por ello determinarlo. Esta ausencia de determinismo, la posibilidad de citar la norma introduciendo alteraciones subversivas, es la que nos va a abrir la posibilidad de subvertir el orden binario y heteronormativo.

Judith Butler, junto otras influyentes autoras feministas de las teorías queer, provocó una conmoción epistemológica con su noción de género allá por los años 80 y nos proporcionó así las herramientas conceptuales y semánticas para (re)pensarnos y (re)crearnos a nosotras mismas de formas divergentes. Golpeó con su martillo la noción de identidad que ya había comenzado Foucault a destruir cuando la mostró como una forma de opresión.

Pero, ¿hay vida más allá de, o mejor dicho, junto a  Butler?  Además del lenguaje, u otra vez junto a, ¿cuáles son las otras formas de creación de ficciones identitarias, qué papel juega el cine, la pornografía o la tecnología en todo esto? En los siguientes posts intentaré dar respuesta a ello de la mano de grandes artistas-analistas del pensamiento, como son Teresa de Lauretis y Beatriz preciado.

 Me despido con un vídeo de Butler, para que sea su propia voz la que os cuente: